Casi inmediatamente el plato de Yoshi y de Sano comenzaron a vaciarse. Kaoru, sin embargo, ese día su propia comida le pareció amarga. Trataba de no mirar a Kenshin, no porque Sanosuke se lo hubiera dicho, sino porque no sabía cómo mirarle. Le era muy difícil no hacerlo. Los de él quizás también la miraran, y no quería haberle dado falsas esperanzas, aunque ni siquiera supiera lo que ese beso realmente había significado para él. Kaoru miraba a Sano con impaciencia, intentando encontrar un apoyo, pero él estaba concentrado en la comida.
Justo cuando ella más lo necesitaba.
Tenía que hacer algo. Estaba tan nerviosa que su cuerpo temblaba y había empezado a sudar. Tenía que mirarle, si se daba cuenta de lo desesperada que estaba no importaba, pero tenía que mirarle.
No. No podía hacerlo. ¿Y sí él estuviera enfadado? Porque Sano tenía razón, Kenshin le había dicho que la amaba sólo en momentos de tensión, o mientras se sentía acechado.
- Sanosuke... – gimió –
El joven levantó la cabeza un poco sorprendido al ver a Jo-chan realmente asustada. Miró de reojo un momento a Kenshin. Él estaba al otro lado de la mesa, mirando su plato, revolviendo en él, sin ni siquiera comer. Sus ojos denotaban cierta preocupación, y un poco de sorpresa todavía.
Sano volvió a mirarla y le trató de mostrar serenidad, que todo estaba bien. Sonrió ligeramente.
Parecía un poco más tranquila.
- ¿Me... Me pasas las especias?
Sanosuke le entregó el plato, y cuando lo dejó cerca del plato de Kaoru, ella acercó la mano, momento en que, disimuladamente, él la acarició con dos dedos, para mostrarle que todo estaba bien, y que él estaba a su lado si le necesitaba.
Normalmente no lo habría hecho, pero ahora sentía que debía de hacerlo. Ella era su mejor amiga, casi de su familia (si alguien se lo preguntase él lo negaría), y estaba asustada, y en cierto modo por su culpa.
Kaoru le miró y sonrió.
Eso le dio fuerzas para volver a pensar en mirar a Kenshin.
Así lo hizo.
Él no la estaba mirando. Tan sólo miraba a su plato, casi como una estatua. Debió de sentirse vigilado, ya que de inmediato cogió los palillos y tomó un trozo de comida. Tardó unos segundos en llevárselo a la boca, pero aún tardó más en saborearlo. Estaba claramente nervioso, aunque no temblara ni nada por el estilo, su cara mostraba una sorpresa nada normal.
Kaoru
se entristeció y remordimientos comenzaron a llegar a su mente.
Sí. Sin ninguna duda se había precipitado, pero...
Él
también la miró. Fue repentino. Él alzó la
cabeza y sus ojos se cruzaron. Kaoru puso todas sus buenas intenciones
en una sonrisa, que no le había salido tan preciosa como ella hubiera
querido.
Los ojos de Kenshin temblaban al verla. Sus palillos entraron de nuevo en el plato y cogieron un trozo más, que no tardó en llevarse a la boca.
“Está enfadado conmigo”, pensó Kaoru, sin notar que su sonrisa había desaparecido.
- Esto está muy bueno. – dijo él de pronto, visiblemente nervioso -
Ella volvió a sonreir.
- Gracias.
Kaoru miró a Sano, mientras discrepaba la opinión de Kenshin sobre el estado de la comida. Esta vez no le importó, no sabiendo lo que la había ayudado, y menos aún estando Kenshin delante.
- Jo-chan, ¿me oyes? ¿Me estás oyendo? ¡Esto está asqueroso!
- Lamento que no te guste, Sanosuke. Lo intentaré hacer mejor la próxima vez. Lo siento de veras.
Yoshi, Ayame, Suzume y el propio Sano se quedaron de piedra.
Pero Kaoru tenía sus razones para no enfadarse. Sano la estaba ayudando a relajarse, a volver a lo cotidiano. No podía enfadarse, pero... Tenía que hacerlo.
- ¿En serio? – murmuró Sano -
- ¡Claro
que no! ¡Idiota! ¡Encima que me paso todo el día trabajando
para vosotros ¿y así me lo agradeces?! ¡No vas a volver
a comer en esta casa! ¡Inútil! ¡Vago! – una lluvia de
cazos, palillos, comida, etc... cayó sobre Sanosuke sin cesar. -
Cuando
se le acabaron las cosas se paró a respirar, y se dio cuenta de
que todo había ido a parar a la cabeza del rurouni, ahora escudo
humano de Sanosuke.
- Vaya... – dijo Yoshi -
- La has hecho enfadar mucho, Sanosuke. – dijeron casi al unísono las dos nietas -
Segundos después, cuando Kaoru se sentó, las cosas volvieron otra vez a la normalidad, menos Kenshin, que se frotaba la cabeza por los golpes.
- L-Lo siento. – le dijo a Kenshin –
Cualquiera que se hubiera fijado se habría dado cuenta de que algo era distinto hoy. Normalmente cuando Kaoru entra en cólera se necesita el grueso entero de la policía armada de Tokio, y aún así la mayoría de los policías habrían salido volando. Pero hoy, incluso se había disculpado.
- No importa, Kaoru-dono. Estoy bien.
“Kaoru-dono ”
- ¡Bueno, Sanosuke, espero que hayas aprendido! – dijo mientras se giraba hacia él, blandiendo un cazo de forma amenazadora -
- Sí, sí, desde luego, sargento.
Kaoru
se sentó de nuevo y sirvió más comida. Estaba un poco
triste, porque Kenshin no había reaccionado como ella esperaba que
lo hiciera. Pero seguro que se habría alegrado si por un segundo
hubiera mirado a Kenshin, ya que, sin que
nadie
se diera cuenta, había sonreído.
Sanosuke y Kaoru bajaban de la ciudad de comprar comida para el día siguiente. Necesitaban tiempo para hablar, y en el dojo no era lo más apropiado, y menos con Kenshin y Yoshi ahí dentro. La calle estaba llena de paseantes y comerciantes, aunque no fuera un gran día, el sol brillaba por su ausencia y el frío se hacía notar.
- Bueno, creo que me retiro del juego en la mesa. Hoy has estado muy extraña, y eso todos lo han notado. – dijo Sano mientras esquivaba a un niño que pasaba corriendo – Aún así, has mejorado bastante.
- Tu tienes la culpa de que me haya cabreado. Ya estoy harta de tus “cocinas peor que un perro”, “tu comida mataría a todo un ejército”...
Sanosuke rió con ganas.
- Ah, a lo que iba, creo que lo de cambiar tu carácter va a ser algo difícil.
El golpe que le propinó a Sano en las costillas le hizo tambalearse.
- ¡¡Mi carácter está bien!!
- Ya, bueno, como tú quieras, pero no me negarás que Kenshin se ha asustado hoy un poco en la comida...
Kaoru suspiró con pesar.
- Es verdad, pero se supone que tiene que quererme por lo que soy.
- Oye, menuda parida acabas de decir... Sabes de sobra que él ya te quiere por cómo eres, lo que pasa es que no se lanza a decírtelo, ni tú tampoco, y eso es lo que estoy intentando conseguir. Creo que eso es casi lo más importante. De todas formas, tú ya has dado un paso importante con ese beso.
- No sé si he hecho bien. Debería haber esperado a otro momento más adecuado.
- No te preocupes por eso, Jo-chan. – le aconsejó su amigo – Lo hecho hecho está. A ti te ha gustado, a él también, aunque no lo admita. No le des más vueltas.
Nadie dijo nada por unos momentos, mientras que se internaban en una calle más céntrica.
Kaoru gimió.
- ¿Por qué no me ha besado nunca? ¿Acaso le asusto? – divagó Kaoru -
- Un poco, supongo.
- Yo soy atractiva, ¿no? Tengo buenas facciones.
- Ah, no. No te preocupes por eso. Estás buenísima.
- ¿Qué? ¿Cómo has dicho? – Kaoru se sonrojó – ¡No digas eso...!
Sano se metió las manos en los bolsillos.
- No seas tan negada. Cualquier mujer te tendría envidia, con esos ojos, esa cara, ese pelo, esas medidas... Estás buenísima.
- ¡Sanosuke! – le gritó Kaoru, totalmente roja. Sanosuke últimamente estaba demasiado raro, primero ayudándola, luego apoyándola, ahora esto... Quizás tan sólo necesitaba alguien con quien poder hablar con tranquilidad –
- Perdón. Volviendo a lo vuestro, creo que para rematar el día no vendría mal un beso de buenas noches después de la cena, pero intenta no sentirte forzada, ¿vale?
- No, no. ¿Cómo voy a sentirme forzada?
- No sé, no sé, tú eres la que ya ha besado. Bueno, tendremos que estar así hasta que te llame Kaoru de una vez por todas. Ah, otra cosa, no le dijiste a Yoshi que no comentara que había estado yo esa noche, ¿no?
- No... ¿Se lo ha dicho?
- No lo sé, pero me ha dicho después de comer que esta noche fuera a su cuarto a escondidas, que tenía que hablar conmigo.
Kaoru se quedó pensativa por un momento. ¿Qué podría querer contarle? Quizás fuera para decirle lo del beso, para pedirle consejo, o algo así. O quizás todo esto del beso a Kenshin le importa un comino y va a hablar de el tiempo que hizo hace un par de días, ¿quién sabe?
- Ah... ¿A qué hora?
- A las once. Espero estar despierto a esas horas. Una cosa, Jo-chan: ya sé que diga lo que diga vas a espiarnos, pero por favor, si es posible no lo hagas. No quisiera que él se asustara. Ya sabes que podemos “detectar” presencias con facilidad. De todas formas no te preocupes, si no lo oyes ya te lo contaré.
- Gracias.
- ¡Todo
el mundo le pide ayuda al gran Sanosuke Sagara! – cantó feliz -
Estaban a apenas dos manzanas del dojo cuando Sanosuke se sentó en un banco en la mitad de la calle e hizo señas para que ella también lo hiciera. Kaoru se sentó, pero un poco confusa.
- ¿Qué te pasa? ¿Por qué nos detenemos?
- Nada, me preguntaba... si quisieras tener un hijo cuanto antes.
- Oye, es demasiado pronto para hablar de eso...
- Nunca es demasiado pronto, Jo-chan. – le contestó Sanosuke con un tono demasiado serio -
- Me gustaría tener un hijo, pero no sé... Yo creo que ahora es demasiado pronto, ¿no crees?
- Bueno, a mí no es que se me den muy bien los--
- Aunque... ¡Sería una madre muy joven! Cuando yo tuviera 30 años ella sería una adolescente y me trataría como a su mejor y querida amiga. – divagó Kaoru -
- ¿Ella? ¿Cómo que “ella”?
- ¡Sería yo quien le explicara todo sobre las cosas de la vida y sería muy enrollada! ¡Sería genial!
Una gran gota de sudor corrió por la frente de Sano.
- Vaya. Uh... A dónde quería llegar era hasta si querías tener el... “la” hija la primera vez que mantuvierais una relación.
- ¿Eh?
- Es decir, cuando consumierais vuestra relación.
- ¡Falta mucho para eso! – Kaoru rió nerviosa –
- Jo-chan...
- Bueno... Me parece que no. Mi... mi figura quedaría muy descuidada y no podría entrenar a Yoshi, ni ayudaros si tuvierais problemas. Sería una carga.
Él bufó.
- No
digas tonterías. Ninguna mujer embarazada es una carga... bueno,
contando con que tu siempre lo eres...
Cuando
ella hizo ademán de pegarle juntó las manos a modo de súplica.
- ¡Era broma! ¡Perdón!
- No te pases.
- Me
estoy yendo por las ramas. Sabrás lo que son anticonceptivos, ¿no?
(Sorry,
dudo mucho que existieran los anticonceptivos hace 140 años, pero
haremos como si existieran, que si no me lío, ¿vale? Nota
del autor)
- Sí... – se sonrojó - ¿Tú crees que...?
- Exacto. Tendréis que utilizarlos, y habrá que conseguirlos.
- Pero...
me da corte entrar en una farmacia y pedirlos.
(Iba
a poner que los vendían en expendedores ambulantes, pero eso ya
me parecía pasarse ?. nota del autor)
- Mira delante de ti.
- ¿Eh?
- Sí, mira.
Cuando volvió la cabeza vio horrorizada en el bloque de enfrente se encontraba precisamente una farmacia.
- Si me he sentado aquí es para que te decidieras a hacerlo. Tienes que comprarlos. – se levantó y trató de levantarla a ella, pero se resistió – Levanta...
- ¡No! ¡Ahora no! ¡No puedo! ¡Me da vergüenza!
- Oye, si no lo haces tú lo hago yo.
- Vale. Hazlo tú.
- ¡No! – Sano agitó los brazos - ¡Era una frase hecha! Son para ti. Tienes que comprarlos tú.
- ¡Maldita sea, no!
Sano la soltó.
- Mira, Jo-chan. Es una cosa normal. El hacer el amor es parte de la vida, si no ninguno de nosotros existiría.
- Pero los anticonceptivos evitan tener hijos, así que no entran en lo que tú has dicho.
- ¡Kuso, ni siquiera existen hoy en día, así que si no quieres ser madre recién alcanzada la mayoría de edad, cómpralos!
- Bueno... Vale, lo haré. Pero acompáñame, por favor.
- Está bien, te acompañaré.
Entraron vacilando en la tienda.
“Por suerte no hay ningún cliente...”
Sanosuke la semi-empujó hasta el mostrador, donde el vendedor estaba de espaldas, buscando algo.
“Bueno, vale, tengo que hacerlo, sin más.”
- Ah, hola. ¿Qué desean? ¡Ey, Sanosuke! – gritó el hombre -
Sano estaba temblando.
- Ah-ah-ah-ah-ah-ah... Koichi...
Kaoru no conocía a ese tipo, tenía el corte cazuela y una expresión de felicidad.
- ¿Le conoces?
- Bueno, ¿qué queréis?
Sano señaló a Kaoru con nerviosismo mientras se aclaraba la voz
“Aunque no quiera admitirlo, también le da corte.”
- Ella quería pedirte una cosa.
- ¿De qué se trata?
Kaoru tragó saliva.
- Eh... Sano, el que quería “algo” eras tú...
- ¿¡Qué!?
- Eh, ¿Qué pasa?
- Che...
Quiero dos cajas de anticonceptivos de ambos sexos, por favor, si no te
importa, tengo algo de prisa, ¿sabes? – Sano dijo eso todo seguido
y con una voz más grave de lo normal. Kaoru le miró a la
cara, estaba visiblemente nervioso -
El chico
miró por un momento a Kaoru, y luego le dio unos golpecitos en el
hombro a él.
- ¡Has vuelto a encontrar otro rollito, ¿eh?! ¡Se ve que no descansas nunca! ¡La amiga de Kenshin! Pero tranquilo, no diré nada, ¿eh? – se rió con ganas – Tío, sí que vas rápido.
Sano sudó a mares. Kaoru simplemente no podía creérselo.
- N-No es lo que tú crees, Koichi, ella es--
- Oye, oye, no hace falta que me des explicaciones sobre tus ligues, ¿eh?
- Uh... – Sano se rascó la nariz mientras miraba a Kaoru con el rabillo del ojo - Ah... ¿De... desde cuándo trabajas aquí?
- Me lo pillé hace unos días para conseguir algo de pasta, ya sabes, mi mujer consume más que una locomotora, y no pienses mal. – se volvió a carcajear mientras le entregaba dos cajas que él se guardó con rapidez -
- ¿Es amigo tuyo? – le preguntó Kaoru con el entrecejo fruncido -
- Es Koichi, juego con él a los dados, je...
El amigo de Sano le dio unos golpecitos en la cabeza a la chica.
- ¡No sabes lo que te espera! ¡Ninguna mujer soporta con él soporta con él más de dos días! ¡A ver si bates el récord!
Sano se dio la vuelta y echó a andar hacia la salida, como él sólo le veía la espalda puso la peor expresión de furia que ella había visto en la vida.
- ¡Qué lo disfrutéis! ¡Adiós!
- Adiós... – dijo Sano mientras cerraba la puerta con los ojos sedientos de sangre -
Nada más salir Sano echó a andar deprisa hacia casa. Kaoru le siguió, aunque un poco temerosa. Ahora mismo Sanosuke parecía el asesino más sanguinario a este lado del río Sumida.
- Sano, lo siento...
- ¡No importa, no importa! ¡Tan sólo preocúpate si a ese tío se le ocurre irse de la lengua!
La chica adelantó el paso.
- ¿Realmente eres virgen?
- Sí, sí. Lo soy.
- ¿Qué es eso de lo de “ninguna mujer soporta con él más de dos días”?
- Nada, una cosa que me paso hace unos años... No tienes por qué saberlo.
Kaoru sonrió.
- No tenías por qué ponerte nervioso simplemente porque yo estaba delante.
- Eh, que sea un tío no significa que no me puedan poner nervioso cosas así. Por cierto, esto es tuyo. – le dio las dos cajas. – Ten cuidado, que caducan dentro de dos años.
Sano sonrió.
- Si vienes a cenar hoy al dojo te pondré ración doble, ¿vale? Te agradezco mucho que me estés ayudando.
- ¿Estás de coña? ¿Doble ración de tu comida? ¡Antes suicidarme! No cocinarás tú, ¿no?
- ¡Sí! ¿¡Algún problema!?
- ¡Señor, no, señor! – bromeó él – Bueno, antes de que lleguemos, que ya falta poco, ¿cuándo quedamos?
- ¿Para hablar? Bueno, después de que hables con Kenshin en mi cuarto, o sea, sobre las once y media.
Sano se metió las manos en los bolsillos.
- Eso si no me dice que me vaya de casa...
- ¿Entonces que hago?
Varias gotas comenzaron a caer del cielo, estaba empezando a llover.
- Espera en tu cuarto, ya iré después, y ya está. Kenshin le ha dicho a Yoshi que tratara de dormir contigo para que no te levantaras y nos encontraras.
- Vaya...
- Te habrás dado cuenta de que este no es un comportamiento normal en tu querido Kenshin Himura.
- Es muy extraño.
Sano asintió con la cabeza.
- Kenshin debe de tener algo muy pero que muy importante que decirme, y creo que ya sé con qué va a tener que ver.
- ¿Te refieres al beso?
- Desde
luego. Al fin y al cabo soy el único hombre con el que puede hablar.
Kaoru abrió la puerta de el dojo intranquila. No se sentía bien tramando cosas sin que Kenshin supiera nada. Le parecía una traición a su corazón, pero no podía decírselo ahora, así como así. No quería que Kenshin se quedara helado de nuevo.
Pero si con palabras no podía quizás se enterara con besos.
Después de todo, tras tres años de convivencia no se habían besado hasta ayer, tenía que dar signos de que las cosas habían cambiado. Y vaya si lo habían hecho.
Kenshin
estaba allí delante, en el jardín, junto al balde de agua
y jugando a la pelota con Ayame y Suzume. Cuando
Sanosuke
y Kaoru se acercaron, pudieron ver en su rostro una sonrisa.
- ¡Ey, Kenshin! – gritó Sano –
El aludido se giró hacia él, provocando que la pelota le golpeara en la cabeza.
- ¡Kenshin, no estás atento! - le reprochó Ayame -
- ¡Juega bien! – exclamó Suzume –
- Lo siento... – gimió Kenshin –
“Todo parece normal”, pensó Kaoru. Quizás demasiado, teniendo en cuenta lo que había pasado.
Kaoru tuvo que bajar de pronto de las nubes. Sanosuke ya había entrado en casa, y Kenshin estaba delante suya, sonriendo.
- Kaoru-dono, creo que será mejor que entremos en casa. Está empezando a llover.
- ¡A casa! – gritaron las pequeñas –
Ella le observó con un ligero recelo. Todo totalmente normal. Ni nerviosismo, ni felicidad extrema (cosa que Kaoru desearía que a él también le pasara), ni nada. Simplemente, la misma sonrisa de todos los días. Una sonrisa que en ese momento Kaoru hubiera deseado cambiar por un simple nerviosismo.
- Tienes razón, vamos.
Kaoru corrió delante del rurouni, y entró en casa. Kenshin apareció segundos después cerrando la puerta.
- Eh,
¿Quién ha preparado la cena? – dijo Sano desde la cocina,
seguramente para picar algo antes de comer –
Himura
dijo que había sido él, mientras corría a la cocina
para que su amigo no acabara con todo antes de empezar. Yoshi y las dos
niñas le siguieron.
Kaoru esperó un poco. Era su turno de preparar la cena. Él un día, ella otro. La única vez que Kenshin se saltó esa “regla” fue hace mucho tiempo. Una noche Kaoru llegó de hacer compras y la cena estaba hecha. Ella le reprochó diciendo (ah, aquellos años...) que lo que quería era evadirse de su comida, cosa que, lógicamente, aunque no fuera verdad, Kenshin no se atrevió a negar, ya que dijera lo que dijera iba a ser apaleado, así que optó por pedir perdón sin cesar.
Pero hoy lo había vuelto a hacer. ¿Olvido, quizás? Eso podría denotar nerviosismo, ya que la memoria de Kenshin es magnífica. Puede que simplemente hubiera querido hacerle un regalo, agradecerle el beso, con una cena bien preparada (aunque luego casi todo acabara en el estómago sin fondo de Sanosuke y de Yoshi). “Eso es”, pensó Kaoru. “Quiere hacerme entrar en situación para lo que está por venir”.
Habiendo
llegado a una conclusión satisfactoria, la feliz joven echó
a andar hacia la cocina, deseosa de volver a ver al hombre que habita en
sus sueños.
Las nueve de la noche, y ella estaba allí, en medio de la sala, sentada en el suelo un poco alejada de Yoshi y Kenshin, ellos tres vestidos con ropa de casa, ligera, aún con el frío que hacía. Yoshi le había estado enseñando a jugar al ajedrez (después de todo había estado en la Yakuza rodeado de jugones), y últimamente los tres se lo pasaban muy bien jugando. Pero hoy Kaoru no estaba de humor para jugar.
- ... ¿ves? El caballo en “l” solamente, no importa a qué lado. – dijo el niño mientras movía una pieza – Si hicieras esto te comerías a la reina.
- Está bien. Te quedas sin reina. Te toca, Yoshi.
- ¿Para qué habré dicho nada? – gruñó – A ver... Peón a A-3...
Kaoru
bostezó mientras miraba a Kenshin. Todo seguía igual, aunque
ella le consideraba un sueño que iba a alcanzar dentro de poco,
y a las once y media sabría que sentía él. Pero no
podía esperar tanto. Tenía ya una idea preconcebida sobre
el tema de la reunión, pero podría ser totalmente diferente.
Se sentía un poco mareada, con los nervios a flor de piel, y Kenshin
también, aunque tratara de disimularlo, cada vez menos. Casi constantemente
miraba al reloj con el rabillo del ojo, y había rehusado acostarse
a las ocho y media, como solía hacer, con la excusa de que no tenía
sueño y porque tenían que cuidar a Yoshi, que se había
resfriado. En realidad lo de Yoshi no era nada, simplemente décimas,
Megumi había dicho que se curaría en poco tiempo. Y tampoco
sabía disimular, cuando Sanosuke se fue a su casa le hizo señas
por si no recordaba la hora en la que habían quedado, de una manera
poco ortodoxa y, peor aún, con Kaoru delante.
Kenshin
se levantó de pronto y la miró feliz, con una sonrisa que
trataba de ocultar su nerviosismo creciente.
- ¿Quieres un té? Te ayudará a dormir.
Kaoru se levantó también.
- ¿Eh?... - “Menuda indirecta. Es muy extraño. Kenshin nunca lanza indirectas.”, pensó – Ah, vale, un té, está bien. – él se giró hacia la cocina - ¿Tú también vas a tomar?
- Claro. Necesito dormir.
“¿Necesita dormir? ¿Qué le pasa? ¿Se estará refiriendo a que quiere irse a su cuarto? ¿Tan pronto?”
- Eh, te toca. – dijo Yoshi. -
- Si
estás cansado no te preocupes. Tampoco tengo tanta necesidad de
té. Vete a la cama. Yo cuidaré de Yoshi.
Kenshin
se volvió sonriendo. La misma sonrisa que siempre había reconfortado
a Kaoru, y que siempre la había hecho sentir bien.
- No es ninguna molestia. De verdad. Quiero hacerlo.
La forma en que dijo “quiero” la sorprendió. Casi le había ordenado que le dejara hacer. Kenshin estaba muy raro, definitivamente, pero esta vez no sabía si alegrarse. Por una parte significaba que estaba nervioso por su presencia, por el beso, pero también podría querer decir “Déjame hacer lo que me venga en gana, buscalíos”. No, no. Kaoru no podía pensar de esa manera. Kenshin jamás diría eso. Es más, Kenshin jamás pensaría eso.
- Ey, ¿no estábamos jugando?
Himura cogió dos tazas y siguió calentando el té, mientras las miraba fijamente.
- Estoy muy nervioso. Un té me tranquilizará. Tal como estoy no creo que pueda dormir.
Esa confesión la tranquilizó muchísimo. Una confesión sincera, muy propia de Kenshin. Sólo le faltaba un “oro” para ser copyright suyo.
- ¿Estás nervioso? ¿Por qué?
Inmediatamente Kaoru se tapó la boca. Las palabras le habían salido sin pensar. Necesitaba estar segura de la razón, pero...
Una corta y nerviosa risa se oyó de pronto.
- No hay más razones de las que tú ya sabes. – Himura gimió ligeramente al terminar la frase –
Ella estaba confusa. ¿Se refería únicamente al beso? Tenía que saberlo.
Se levantó y entró en la cocina, mientras que el joven aprendiz de samurai, cabreado por que nadie jugaba con él, se tumbaba en el suelo.
Kenshin se sorprendió de verla a su lado, y se sonrojó, cosa que trató de ocultar girando la cabeza. Ella se dio cuenta, pero lo que hizo fue coger su taza, aún templada, y dar un sorbo.
El rurouni, definitivamente, estaba muy afectado. ¿Podría ser que realmente su pretendiente le diera miedo? Kaoru normalmente asusta, sobre todo cuando entra en cólera (que es capaz de meterle combos al primero que pase), pero últimamente, con lo tranquila que estaba, no era lógico.
- Lo siento. – dijo Kenshin – No quería preocuparte.
- No. No tienes que sentir nada, ni tienes que temer que yo me preocupe.
- Sí. Tengo que hacerlo. – ahora ya no sonreía. Su cara mostraba el nerviosismo que realmente tenía –
Ella deseó poder abrazarlo, pero por algún motivo no se atrevió. Himura se veía realmente asustado, como si ella fuera una maestra que le hubiera puesto un complicado examen.
- Y... ¿Qué es lo que sientes?
- Muchas cosas.
- ¿El qué? ¿Qué cosas?
Kaoru esta vez parecía una madre tratando de consolar a su hijo.
- Las cosas han pasado demasiado rápidamente hoy.
- Sí... Quizás sí.
Demasiado rápidamente. Eso era lo que pensaba Kenshin. El beso había sido demasiado repentino. Kaoru tenía la misma opinión, pero no podía hacer nada para arreglarlo. “Un gran error. No debí hacerlo.”, pensó Kaoru. “¿No le habría gustado? Debí dejar que se aclimatara, tenía que haber preparado una atmósfera romántica primero...”
- Sin embargo, hoy ha sido un día maravilloso.
Ella sonrió y bebió otro trago. Se reprendió para no besarle. Un impulso que apenas podía controlar. Todo el rato tenía que apartar su mirada de sus labios.
- Para mí también. Yo...
Kaoru no dejó de sonreir. Él se sonrojó de nuevo, como pensando. Cogió la taza y también bebió. Miró de reojo al salón, para comprobar si Yoshi estaba allí.
No estaba. Incluso se había llevado el juego. Se habían quedado solos.
“Contrólate, Kaoru”, se dijo la chica. “Deja que te desee. Aún es demasiado pronto.”
- Yoshi se ha ido a la cama. – comentó Kaoru un poco cortada -
- Ya... – Kenshin, por el contrario, sonó muy tranquilo –
Se hizo el silencio mientras los dos bebían. Kenshin fue el primero en terminar.
Ella volvió a pensar en su situación. Por primera vez en mucho tiempo, los dos solos, hablando en cierto modo de amor. Se le quitó casi inmediatamente el poco sueño que tenía. Pero no, tenía que irse a la cama. Aún no sabía como podría reaccionar si realizara lo que tantas veces había soñado, tirarse a sus brazos... besarle... No. Kaoru tenía que irse a la cama, hasta las once. Tenía que saber que pasaría en la reunión. Faltaría a su palabra, pero tenía que saberlo. Pero... antes tenía que hacer algo.
- Uh... Tengo mucho sueño, voy a irme a la cama.
Kenshin sonrió.
- Está bien. Yo también me iré. Que tengas dulces sueños.
“Desde luego que los tendré, Kenshin, mientras tú sigas en ellos.”
Se quedaron mirando por unos instantes, sonriendo, felices. Apenas estaban nerviosos, porque ahora todo estaba bien, tan sólo faltaba...
Le besó en los labios. Rápidamente, pero profundamente. Kaoru cerró los ojos para disfrutar de esos dos segundos tan maravillosos. La segunda vez que le besaba en el día, la segunda vez que le besaba en toda la vida. Se separó mientras sus cansados ojos se abrían lentamente.
Kenshin estaba sonrojado, pero no parecía ni de lejos tan sorprendido como antes.
Kaoru, al contrario, sonrió con gran placer. Él siguió con la boca entreabierta y soltó un gemido.
- Buenas noches, Kenshin. – su voz sonó más suave y dulce de lo normal –
Esperaba una respuesta, pero no la encontró. Eso sí, el rurouni había cerrado la boca, llevándose la mano a la mejilla.
“Vamos, vete, Kaoru”, se dijo ella. Y así lo hizo. Salió de la cocina lentamente, sin mirar atrás, y, casi de inmediato, desapareció tras la esquina.
Sí. Le había vuelto a besar, pero esta vez como si fuera algo cotidiano, algo normal. Un beso en los labios, no en la boca, pero le había besado al fin y al cabo. Otro beso que había devuelto a Kenshin a otro mundo. Se volvió a hacer las preguntas que siempre rondaban por su cabeza. ¿Debía replantearse su situación en ese dojo? Sí, estaba claro que tenía que pensar en su futuro. En como deseaba vivirlo.
- Buenas
noches, Kaoru.
Por suerte Kaoru no se había olvidado de llevarse a su cuarto el kimono de hoy. Era demasiado pronto para que Kenshin viera los anticonceptivos, bastante rápida iba la cosa ya. Abrió un cajón lleno de ropa y decidió meterlo allí, bajo un montón de kimonos, cuanto más hondo mejor.
“Espero poder utilizarlos antes de que caduquen”, se dijo medio en broma.
Muy bien.
Tenía que estar preparada. Lo tenía todo a punto, el reloj
al lado de la cama, estaba relajada (o al menos pretendía estarlo),
se había puesto calcetines para no hacer el mínimo ruido...
Al fin y al cabo, Kaoru no sabía si todo lo que estaba haciendo
era útil, ya que no entendía el sistema mediante el que Kenshin
detectaba presencias... e incluso puede que hubiera preparado esa reunión
expresamente para que ella lo escuchara, pero con la tranquilidad de estar
hablándole a una tercera persona,. Sí, podía ser,
pero Kamiya no podía permitir arriesgarse, no esta noche.
Con
tranquilidad se metió debajo de las mantas y cruzó las manos
debajo de su cabeza. No debía dormirse, pero quedaba tanto tiempo
por esperar... Un poco desanimada, miró el reloj. Las nueve y media.
Maldita sea. Todavía una hora y media.
De pronto recordó que tenía la nota de Sanosuke en el bolsillo, mala idea. Era la primera vez que tenía secretos con Kenshin, pero nunca había tenido ningún secreto así, y menos uno que pudiera asustar tanto al samurai como para quitarle de la cabeza la menor idea de una relación.
Demasiado complicado. Era un asunto complicadísimo. En la vida de Kaoru lo más complicado hasta el momento habría sido cualquier pelea contra cualquier miembro de la Juppon Gatana, lo que le habría hecho esforzarse al máximo (salvo con aquella creída de Kamatari, claro), pero esto era diferente. ¡Maldición, Kaoru era una maestra de kendo, no una ligona rompecorazones! Lo único que le ayudaba era el propio Kenshin, porque él parecía estar aún más confuso. Al fin y al cabo, él no tenía ni idea de que iba el asunto.
Sí. Kenshin. Kaoru cerró los ojos de nuevo. Pensar sobre eso la había puesta nerviosa de nuevo. Necesitaba relajarse, de la mejor manera que sabía.
Soñar.
No tardaría mucho en despertarse, pensó. Tan sólo quería hacer una pequeña visita a ese espadachín pelirrojo que le traía de cabeza.
Tan sólo
un momentito.
- Me... me he quedado dormida... – trató de exclamar Kaoru, con la boca seca –
Su mano se guió a tientas hasta el reloj mientras ella se frotaba los ojos. Todo estaba oscuro. La vela ya apenas alumbraba más allá de ella misma.
Allí estaba el reloj. Con rapidez se lo llevó delante de la cara, pero no veía nada por la casi nula luz.
“Shimatta, luz. Necesito luz.”
Y como poner el reloj justo a un par de pulgadas de la vela era la mejor manera de quemarse, se levantó a tientas y buscó guiándose por la costumbre el cajón donde había un par de velas.
Kaoru estaba prácticamente dormida. El corto sueño la había dejado totalmente destrozada. Una vela. Rápido. Acercó la vela nueva a la otra y tras unos cuantos intentos fallidos esta se encendió, y por fin pudo ver el reloj.
“¿¡Qué!?”
Las once y cinco.
Sin embargo había tenido mucha suerte, se dijo mientras corría muy despacio su puerta. Por lo menos la habitación de Kenshin estaba cerca.
Ya podía verla. La luz de la vela era muy poca, aún así. Mejor. Su sombra no aparecería en la puerta.
Vamos, unos cuantos pasos más.
“Estoy haciendo demasiado ruido.”, dijo, aunque prácticamente el crujir de la madera era inaudible.
Un par de pasos.
Ya está.
Kaoru
se escurrió hasta el suelo y sopló para apagar la vela. Podía
oír murmullos al otro lado de la puerta. La reunión ya había
empezado. Kaoru acercó la oreja a la puerta, apoyando su mano en
el suelo. Trató de calmarse, el sonido de su corazón bombeando
cada vez más rápido la desconcentraba totalmente. Tenía
que oír.
- ... maravilloso! – murmuró en voz baja una voz grave. Sanosuke –
- Sí,
sí, pero no me estás oyendo. Te digo que lo hizo sin ningún
motivo. Simplemente yo me iba a ir a comprar, y me besó
en la
boca. – soltó Kenshin –
- ¿Y? ¿Qué hay de malo en eso?
- No... Nada.
- ¿No te gustó?
- Por supuesto que me gustó. Nunca nadie me había besado de esa manera. No, no, nadie me había besado. Ni siquiera mis padres. Yo estaba bastante alejados de ellos en ese tema.
“¿Fue... su primer beso?”
- ¿Quieres decir que ni siquiera besaste nunca a tu mujer?
- No, ni yo a ella. Simplemente teníamos una relación de compañerismo.
Silencio.
- Más o menos lo mismo que con Kaoru.
Ella nunca lo había mirado de esa manera.
- Creo que sí, pero... No sólo eso, antes de irme a la cama, también me besó, así, sin más.
- Estupendo.
- ¿Se supone que tengo que tomarlo como algo corriente, algo normal? No entiendo por qué está haciendo esto... y por qué justo ahora. ¿Cómo se supone que debo tomarlo?
- En absoluto debes tomarlo como algo normal. No es normal que Jo-chan te bese así como así.
- ¿Entonces por qué?
- Kenshin, las mujeres son maquinadoras, muy maquinadoras. La mayoría de las veces que hacen algo lo hacen siguiendo un patrón auto-creado, siguiendo un plan. ¿Cuál puede ser el plan? – dijo Sano con ironía-
- Tu crees...
- Vamos, Kenshin, te gustó, ¿no? Ella te besó y te gustó.
- Sí.
Silencio.
- ¿Pero?
- No lo sé. Esto es muy repentino.
- ¿Qué esperabas, Kenshin? Jo-chan lleva... bueno, debe llevar años planeando esto. No me digas que no te has dado cuenta de lo enamorada que está de ti.
- Yo...
- Kenshin, dime la verdad. Quiero una respuesta sincera. ¿La amas?
- Por supuesto que la amo.
“¡¡Síííí!!”, se gritó Kaoru para si mismo, alzando un puño.
Pero no se oyó nada más por unos segundos.
- Maldita sea, Kenshin, no me digas que hay un pero.
- Yo quisiera amarla como la amo, pero no puedo.
“¿¡¿¡Qué!?!?”
- ¿¡Qué!? Kenshin, hola, hola, ¿estamos hablando de la misma persona? ¡Es Kaoru! ¡Kaoooru! ¡Esa chica tan bonita de la que estás locamente enamorado!
- Sanosuke...
- Kenshin, dame una maldita razón por la que...
- Sabes de sobra por qué es. Soy un rurouni, Sano. Un samurai sin rumbo, es decir, alguien sin ataduras.
Kaoru siempre se había temido que esa podría ser la razón, pero deseaba que no fuera verdad, porque algo así realmente no podría cambiarlo. Es la vida de Kenshin, la vida que deseó seguir. Era inútil tratar de negarle una vida que su maestro inculcó y que cuyos cimientos son las muertes de sus padres y tutores. No. Kaoru no podría luchar contra eso. Una oleada de cansancio la invadió de pronto.
- No puede ser sólo eso.
- Oye...
- Kenshin, nunca creí que diría esto, pero ¿por qué no dejas atrás todo ese maldito honor samurai?
- ¡Sanosuke, maldita sea!
- Himura, escúchame tú. Jo-chan está dispuesta a darte su casa, su compañía, su vida, su amor... ¿Y se lo vas a negar?
Silencio.
- Yo...
- Jo-chan algún día se cansará de intentarlo. Piénsalo. Miles de tíos querrían estar en tu posición.
“...”
- Sano, no es sólo eso.
- ¿Entonces?
- Tú ya sabes como sufrió cuando lo de ShiShio, ¿no es así? No quisiera que sufriera así de nuevo si volviera a pasar. Si yo muriera, quizás destrozara su vida, pero si a ella le pasara algo...
- Tienes una idea equivocada de la situación. Jo-chan puede ser todo lo sentimental que quieras que sea, pero ya sabe cuidarse sola. Es mayorcita. Es una maestra con la espada. No te preocupes por eso.
- Ya pasé por eso una vez. Tuve delante a la persona que más amaba y la mataron sin que yo no pudiese hacer nada, y era quizás incluso más buena con la espada que Kaoru.
- Estás... hablando de Tomoe, ¿verdad?
- Sí. No podría soportar perder a Kaoru. La amo demasiado.
Aunque ella estaba demasiado confusa para atar cabos, sentía de nuevo reconfortada. La razón por la que Kenshin no quería una relación era porque la amaba demasiado.
Volvió a pensarlo y entonces sí que no le encontró sentido.
- Entonces, ¿por qué no le demuestras cuanto le quieres en vez de evitarla?
- Yo no la evito. ¿En qué piensas?
- Vamos, a ver, ¿te gustó cuando te besó?
- Por supuesto, Sano. Es la tercera vez que te lo digo.
- Muchísimo.
- Desde luego.
- Entonces, ¿Por qué no le devuelves el favor?
- ¿Eh?
- Bésala. Si ella quiere besarte, esperará algo a cambio. Al menos bésala.
- No sé lo que ella comprendería con un beso.
- ¿Qué? Himura, no puedes negarme que estás deseando cogerla en brazos y besarte con ella durante horas.
Kaoru se enrojeció en la oscuridad.
- Sano...
- Ella no se enfadará. Si lo no lo quieres hacer por miedo a una paliza, no te preocupes. Seguramente estará deseando que llegues tú montado en tu caballo blanco y la rescates de su soledad.
- No creo que ella sea de esas que...
- Kenshin, a todas las mujeres les encanta que las mimen. Y sobre todo a Jo-chan, que pocas veces se han ocupado de ella. Admite lo deseoso que estás de besarla en sus bonitos labios.
“.......”
- Sí, lo estoy, pero... No sé si soy el más adecuado para una relación.
- ¿A qué te refieres con “el más adecuado para una relación”?
- Yo no tengo nada claro mi futuro. En cualquier momento podría pasarme algo que me obligara a marcharme.
- Tú no vas a ir a ninguna parte. No mientras Jo-chan se quede esperándote, y eso lo sabes.
- Si fuera por mí, no la dejaría nunca, pero...
- Pase lo que pase no la dejarás. ¿Qué le dirías ahora si estuviera aquí?
Silencio de unos segundos.
- Yo no podría decirle lo que la quiero así como así, sí eso es a lo que te refieres.
- Muy bien. ¿Te gustaría tener una relación con ella?
- ¿A qué te refieres...?
- Cht, Kenshin, y yo que sé, hay bastantes tipos... platónica, romántica, apasionada, de abstinencia... sexual...
Silencio.
- ¿Qué es una relación platónica?
- Respóndeme.
- Romántica... supongo...
- ¿Y apasionada? La de abstinencia la aparto... ¿o no?
- No lo sé...
- ¿Qué tal si pruebas a besarla? Sin temor a ninguna relación, simplemente bésala.
- Yo no temo a ninguna relación, es sólo...
- No me evites...
- Pues tú déjame terminar las frases.
- Mira, Jo-chan ahora está dormida. Vete a su cuarto, mírala, acaríciala, bésala... A, B... y si se despierta, puede que C...
“Ah...” Kaoru todavía se sonrojó más.
- Sano, me gustaría que no bromearas sobre este asunto.
- ¡Vale, vale, pero escúchame!
- ¿Debería hacerlo?
- Estás deseando hacerlo, ¿no?
- Sí, sí, lo estoy. Pero ella podría creer que soy un hentai o algo...
- “Siente, no pienses” – parodió Sanosuke – Hazlo, y ya está.
- Sí, sí, sí, sí... Lo haré.
- Más fuerte.
- ¡Lo haré!
- ¡Más fuerte!
Silencio.
- Vale, vale, lo siento. – dijo el luchador. –
El corazón le trotaba sin cesar en su pecho. Tenía que salir de aquí. Tenía que irse antes de que fuera tarde, y de que Kenshin la encontrara allí. Pero, lo más importante, es que su amado samurai podría ir a su cuarto y besarla. La reunión ya no tenía sentido. Había algo mucho más importante.
Kaoru se impulsó con una mano para levantarse, y dio un salto hacia su habitación, olvidándose totalmente de no hacer ruido.
Un crujido.
Inmediatamente, las voces pararon, como un resorte. Kaoru permaneció de pie, con la vela en la mano, totalmente aterrorizada. ¿Debía moverse?
- ¿Qué ha sido eso? – preguntó Kenshin –
- Bah, habrá sido el viento, el viento. Recuerda, Kenshin, hazlo. Ahora tengo que irme, pero hazlo, ¿eh?
- Sí.
Pasos. Una puerta. Sí, ahora era el momento.
Kaoru corrió sin cesar en dirección hasta su habitación. Tan sólo a unos metros. Por suerte había dejado la puerta abierta, tan sólo tenía que cerrarla y meterse en la cama.
Demasiado ruido.
Saltó a su cama como si su vida dependiera de ello y se tapó con la sábana en un segundo.
Una puerta a lo lejos.
El corazón le martilleaba en los oídos. Se tumbó boca arriba y se puso a respirar profundamente, cosa que la mareó.
Tenía que parecer dormida.
Crujidos.
“Kenshin va a besarte, Kaoru. Relájate.”, se dijo de nuevo.
Los pasos cada vez se acercaban más.
Kaoru agarró la sábana con fuerza, mientras el sonido de la puerta al correrse inundaba toda la habitación.
Se oyó otra respiración acompasada con la suya propia, pero nada más. Los pasos no continuaron.
El forzar la respiración estaba adormilando tremendamente a la chica, y contando con que antes ya estaba semi-dormida el grado de sueño aumentaba hasta niveles peligrosos.
“¿Por qué no se mueve?”
Por fin, un paso, apenas inaudible. Otro. Otro más. Pero se detuvieron de nuevo.
La imagen de Kenshin se formó de nuevo en su mente, el mismo pelirrojo que siempre la acompañaba a la hora de dormir, para llevarla al mundo de los sueños, pero fue rechazado por primera vez, a la espera de otro sueño... mucho más real.
Otro paso.
La frustración de no poder ver aumentaba. Necesitaba saber por qué no se movía, por qué seguía de pie, en vez de tumbarse junto a ella y amarla.
Tenía que moverse.
“Kenshin...”
- Kaoru-dono, ¿duermes? – la voz baja suave de Kenshin la sorprendió –
“¿Qué?”
¿Por qué no la besaba sin más? ¿Por qué no simplemente no se agachaba y la besaba?
- Kaoru-dono...
¿Qué pretendía Kenshin? ¿Se sentía culpable por haberle ocultado sus sentimientos? ¿Quería despertarla para decirle que se olvidara de él? ¿O para todo lo contrario, para decirle que la amaba desesperadamente?
Silencio.
De pronto, un paso. Y otro. Y otro. Que se alejaban.
¿Se va? No, no podía irse. Todavía no había terminado lo que empezó, y tenía que terminarlo.
Los pasos pararon de nuevo.
- Kaoru-dono, si me oyes...
¿Debía contestarle o ignorarle? ¿Qué pretendía? Si tan sólo Kaoru tuviera una respuesta...
- Sí, estoy despierta. – la voz de Kaoru sonó cansada, pero no forzada. -
Tan sólo movió la cabeza hacia la persona que se encontraba de pie en la puerta, con una sonrisa en los labios, que ya le correspondía con una en los suyos.
- Lo siento... ¿Tienes un momento para hablar? – le preguntó suavemente –
- Claro, Kenshin.
El samurai se acercó y se agachó de pronto, a pocos centímetros de su cara, pero lo más importante, a pocos centímetros de sus labios.
Esa sonrisa. La misma sonrisa que siempre la hacía sentir bien, ahora más profunda, más sincera que nunca.
- Quería... hablar contigo sobre lo que ha pasado esta mañana.
- Sí, yo... también quería hablar contigo.
- Me gustó muchísimo.
- Gracias. – fue lo primero que se le ocurrió decir. Puede que no fuera lo más adecuado, pero no le importó –
- Y... yo... quisiera sentirlo de nuevo.
Kaoru no pudo decir más. Llevaba demasiado tiempo esperando hacerlo, demasiado tiempo planeando hacerlo, algo demasiado complicado, pero que por fin parecían ir a dar sus frutos.
O al menos eso pensaban ahora sus labios, envueltos por los de Kenshin.
Fue rápido, casi involuntario. Kenshin se separó en tres segundos y se puso de pie, con una sonrisa imborrable.
- Buenas noches, Kaoru.
“Kaoru...”
- Buenas noches, Kenshin.
Y tras
un vistazo atrás de nuevo, Himura desapareció detrás
de la puerta, yéndose como había venido.
Kaoru
no podía creerlo. No podía creer que, por fin, él
la hubiera besado. No podía siquiera abrir la boca para no perder
ese sabor. No podía creer que él se hubiera acercado, y puesto
sus labios sobre los suyos, su boca contra la suya.
Kaoru
no podía creer por qué no se había quedado con ella.
“No importa. Quiere hacerse desear, y por supuesto que le deseo.”
La calidez de la sábana la relajó sobremanera.
No importaba
que se hubiera ido. Tan sólo se había ido a su cuarto. Sanosuke
tenía razón, él no se iría a ningún
sitio
mientras
la dejara sola. No, no importaba que ahora se hubiera ido, aunque estaba
un poco apenada. No importaba, porque mañana sería otro día.
Tenía toda una vida para vivirla con Kenshin.
Y estaba
ansiosa por vivirla.
Envia tus comentarios al autor.
Volver
a la page de fanfiction de RK.
Volver
a K-rla's page o' fanart.