La joven se recogió el pelo en una toalla mientras avanzaba en ropa ligera hacia donde estaba él. Normalmente era ella quien preparaba el baño, pero Yoshi, su alumno, se estaba retrasando demasiado en las clases, aunque fuera muy buen espadachín, claro que ella no lo admitiría. Seguían sin dinero, cosa común en la “familia” Kamiya. Como decía Kaoru, tenía que dar de comer a tres vagos inútiles que no conseguirían dinero ni atracando el tren del dinero, aunque luego se arrepintiera de haberlo dicho.
Esquivó a las dos nietas del doctor, que jugaban con una pelota de plástico, esperando a que su compañero de juegos, Kenshin, saliera y jugaran juntos. Así fue, nada más acercarse ella a la puerta, se abrió y fue el rurouni el que salió.
- Esta vez no entraré aunque te vayas a suicidar, lo prometo. – dijo con una sonrisa -
Ella hizo lo mismo.
- Más te vale.
Cuando iba a entrar, Kaoru se giró y le miró. Estaba de espaldas, mientras las niñas danzaban a su alrededor. Ahí estaba Kenshin. Siempre estaba ahí donde le necesitaba, sonriendo, con hermoso cabello rojo. Cerró la puerta, con pesar. El vapor siempre la relajaba y la ayudaba a pensar, y tenía mucho en que pensar en estos momentos. Se había sentido extraña desde hacía tres días, cuando accidentalmente, mientras estaban en la cocina, solos, cuando ella se había vuelto hacia él por alguna cosa sin importancia, sus labios se habían unido por azar. Tan sólo segundo antes de que separaran y que Kenshin comenzara con sus “¡Gomen gomen gomen! ¡Orooooo!”. Sin embargo ella ya pudo saborear sus dulces labios. Un sabor que todavía recordaba y que esperaba no olvidar. No podía siquiera moverse, mientras su semblante se volvía rojo. Él dijo algo más en lo que Kaoru no puso atención, y salió medio corriendo de la cocina, temiéndose una paliza que, por otro lado, era bastante común por su parte.
Metida en el cálido agua, Kaoru sonrió. Ese asunto la había cambiado bastante. Antes sólo intentaba dar sutiles indirectas, para que él la besara de una vez por todas, pero ahora ya estaba cansada de actuar pasivamente, como una simple ama de llaves con ligeros sentimientos por un inquilino. Quería que él supiera que era una ama de llaves apasionadamente enamorada de uno de sus inquilinos, que por fin se enterara de lo que le quería, que no podía vivir sin él. En ese aspecto de la vida, el amor, Kenshin era algo simple. Con sus casi treinta años aún era virgen, o aparentaba serlo, aún habiendo estado casado. Quizás tuviera algo de miedo de ella, o de una relación seria. No, Kaoru intentó alejar ese pensamiento. Llevaban tres años viviendo juntos y como pago, aparte de su compañía, protección, felicidad, amor... necesitaba otra cosa, una relación. Y la iba a conseguir, como se llamaba Kaoru Kamiya.
La esponja le relajó más aún mientras se enjabonaba.
Tenía que haber una manera sencilla de seducirle, pero había hecho todo lo que se le ocurría, o al menos todo lo que le parecía propio de una persona racional. Volvió a pensar en las ideas que había tenido hace poco tiempo. Una de ellas, por ejemplo, había sido acercarse a él, sensualmente, los dos solos, acariciarle su cabello, decirle lo que sentía por él, besarle en sus labios, apasionadamente...
Se sonrojó. No era ni mucho menos una mala idea.
Como en sus sueños.
Pero sólo había un “pequeño” problema, ella no era capaz de ponerla en práctica.
Otra
idea podía ser que fingiera un dolor profundo en el torso y pedirle
asistencia. Podría ser en un momento en el que estuvieran solos,
para que fuera él el que la hubiera tenido que asistir, pero la
rechazó por si se le ocurría llamar a Megumi, al igual que
fingir ahogarse en la piscina. La idea del asunto era que él la
cuidara, la curara, y mientras ella estuviera en la cama “enferma”, tirarse
a los brazos de su cuidador y darle las gracias mientras le besaba.
(Se puede
apreciar que en lo único que piensa Kaoru es en poder morrearse
con Kenshin, no hay más pensamientos obscenos (por ahora) nota del
autor)
Otra idea, que no era tan mala, era meterse con él en la cama, con la excusa de que tenía frío, o algo así. Él de seguro ni la habría tocado, pero habría sido una buena experiencia. No la había descartado, pero no se le ocurría cuando podría ponerla en práctica. Tendrían que estar solos, y últimamente Sano siempre estaba en el dojo. Otro que ni se movería sería Yoshi. Es más, como Kaoru duerme a veces en el mismo sitio que él, moverse sin que se diera cuenta sólo sería posible a altas horas de la madrugada, momento en el que Kenshin también estaría dormido, y sobarle en ese momento no estaba entre sus preferencias de mujer pulcra y recatada que parecía ser.
- ¡Vamos, Kaoru, que yo también quiero bañarme! – bramó Sanosuke desde fuera. -
- ¡Espérate a que acabe! – le respondió furiosa -
“Ese maldito Sanosuke Sagara, siempre... espera, ¡Sano! ¡Claro! Él es un hombre, como Kenshin. Él sabrá que debo hacer.”
Sonrió como si todos sus problemas se hubieran arreglado.
- Oye, no puedo esperar toda la vida, que tengo una higiene que conservar.
Kaoru salió como un rayo y se puso la ropa casi sin secarse.
- ¡Ya estoy!
Cuando abrió la puerta Sano sonrió y entró dentro, pero ella le agarró de la camisa. La miró sorprendido.
- Sano, tenemos que hablar en alguna parte, a solas.
- ¿Eh?
- ¿Tienes algún momento libre?
- Ahora, mientras me baño.
Ella le dio un puñetazo en la cabeza.
- ¡Idiota! Lo digo en serio. Necesito hablar contigo.
- ¿Sobre qué?
Ella miró hacia fuera, Kenshin la había estado mirando hasta hace un momento.
- Ahora no, ven a mi cuarto hoy después de cenar, es importante. ¿Vale?
- Pero si yo ceno en Lenni’s...
Kaoru bufó.
- Es verdad... No importa, sobre las ocho nos vemos en mi cuarto, entra por la puerta de atrás, pero es importante que nadie te vea, ¿vale?
- Me están dando miedo tus paranoias, pero acepto, nos vemos a las ocho.
Sano entró sin más y cerró la puerta suavemente. Kaoru se quedó de pie, pensando ante las expectativas de lo que le podría suceder. Ni siquiera pudo oír a la primera la voz que le llamaba.
- Kaoru-dono, no estás del todo seca. ¿Te traigo una toalla?
- No, no... No importa. – sus labios formaron una sonrisa, un poco inquietos. – Ya voy yo. No te molestes.
- No es molestia.
Kaoru
ando a paso ligero hacia el dojo, con una sonrisa de satisfacción
en los labios.
- ¿Queda algo para fregar? – preguntó Kenshin mientras se secaba las manos –
Kaoru miró de reojo a un montón de cubiertos que estaban a su espalda, y luego al reloj de pared que compraron el mes pasado, eran las ocho en punto.
- Sí, pero no importa, tú vete a la cama, que yo fregaré. – dijo con una sonrisa que trataba de esconder nerviosismo creciente -
Himura la miró a los ojos, como inspeccionando, de una manera extraña, que hizo que Kaoru se estremeciera, temiéndose que Kenshin se esperara lo que iba a hacer, pero era imposible, pues ella siquiera lo sabía seguro.
Segundos después él se encogió de hombros y se dirigió a su cuarto.
- De acuerdo. Buenas noches, Kaoru-dono.
“Kaoru-dono”, pensó. “Cómo odio que me llame así después de tanto tiempo.”
- Buenas noches, Kenshin.
Ella esperó hasta que cerrara la puerta. Por suerte, él no miró para atrás mientras Kaoru salía corriendo hasta su cuarto y cerraba la puerta.
La habitación estaba bañada por la tenue luz de una vela, al otro lado de la habitación. La chica se reconfortó al ver un poco de un pantalón blanco al lado de ella, y se sentó.
- ¿Sanosuke? – dijo en bajo -
- Aquí estoy. – respondió en bajo también – Bueno, ¿qué tramas?
Kaoru se acercó un poco, hasta estar a pocos centímetros de ese pantalón.
- ¿Qué piensas de nuestra relación?
No se oyó nada.
- Eh... de la relación entre Kenshin y yo, se entiende.
- Ah. Bueno, me parece que... – calló por unos momentos - ¿Puedo ser sincero sin que me mates?
- Supongo.
- Creo que sois idiotas.
Kaoru se quedó de piedra.
- ¿Qué?
- Me parece increíble que a estas alturas aún sigas sin haber dado muestras de cariño hacia Kenshin, y viceversa. El tiempo va pasando, y él no es ni mucho menos una perita en dulce, si no más bien bastante madura.
Sabía que tenía razón.
- A mí me gustaría, pero él me trata como si fuera su ama.
“Qué mal ha sonado eso”, pensó.
- A ver si me entero, ¿me has llamado para?
- Creo que ya es hora de que Kenshin y yo formalicemos nuestra relación.
Aunque no lo vio, Kaoru sintió una mirada de burla.
- Está bien, “tengamos” una relación.
- Entiendo, y has venido a mí porque necesitas consejo.
- Sí.
Oyó una risa suave.
- A mí no es que se me de muy bien el seducir tíos...
- Pero eres uno de ellos, ¿no? Necesito que me ayudes, no puedo contar con nadie más, por favor.
- Pues claro que lo haré, tonta.
Kaoru sonrió.
- Vale, para empezar, dejemos algo claro. ¿Le quieres?
- Le amo como a mi vida.
Casi al momento, una mano le dio un golpecito en la cabeza.
- Dejemos los sentimentalismos para después. Ya lo tenía claro pero quería oírtelo decir a ti. El problema es que lo diga nuestro objetivo.
- Ya lo dijo. Me dijo que me quería en más de una ocasión. – esos momentos le vinieron a la memoria, iluminándola. Estuvo por unos segundos en su propio mundo mental, hasta que recordó que tenía acompañante. -
- Ya, ya, pero eso no cuenta. Eran momentos de tensión. Necesitamos que los admita en un momento en que no haya psicópatas acechando o que él esté con un increíble lío cerebral. Verás, él es también muy pero que muy tímido, y dudo que si alguien no hace algo te lo acabe diciendo. Pero aquí tienes al maestro.
Kaoru sonrió con gran alegría.
- ¿Qué puedo hacer?
- ¿Tenías algo pensado?
Ella le contó las cosas que se le habían pasado furtivamente por la cabeza. Él hizo un ruidito de negación.
- Menuda cabeza tienes, belleza.
“¿Belleza?”
- Oye, espera, ¿a qué viene lo de...?
- ... Cómo te he dicho en más de una ocasión, Kenshin será el más hábil con la espada, pero en cuestiones de la vida él está algo verde, o al menos parece estarlo. Si hicieras algunas de esas... “cosas”, podría asustarse, sobre todo con lo de la ducha, pero como te he dicho es débil, e impredecible. Quien sabe lo que podría hacer, quizás hasta se echara sobre ti, pero lo dudo.
Kaoru asintió con la cabeza.
- Jo-chan, noto un brillo extraño en tus ojos... ¿A qué te refieres con formalizar vuestra relación?
Ella se sonrojó en la oscuridad.
- Bueno, ya me entiendes... Quiero que él y yo... ya sabes...
-Te entiendo, te entiendo perfectamente. Me parece demasiado extraño que sea a mí a quien se lo confieses, pero en fin... Es decir, lo que quieres es hacer el amor con él, ¿no?
Kaoru no pudo evitar sonrojarse. Ella no había pensado en eso principalmente. Le parecía suficiente que él la tomara en sus brazos con cariño y la besara apasionadamente, pero esto tampoco era mala idea.
- Yo, bueno... Creo que sí. Pero quiero que sea una manifestación de amor, un... comienzo. Me gustaría que eso formalizara nuestra relación, y a partir de ahí... Casarme con él y... seguir cuando quisiéramos.
Silencio.
- No sé si yo soy el más adecuado para esto. No me podía imaginar que tu fueras de ideas tan radicales... ¿Sexo antes del matrimonio? Bueno... – silencio – Pero te ayudaré. Básicamente, las mejores formas de tener sexo es...
- ¡Eh! Quiero que hagamos el amor con él, no el sexo. Es muy diferente.
- Vale, las mejores formas de “hacer el amor” son estar los dos de acuerdo, me refiero para que sea lo mejor posible, ya me entiendes, ¿no? Y creo que eso es lo que deberíamos conseguir.
- Quiero que sea lo más placentero posible.
- Lo será, lo será, si sigues mis instrucciones. Esto no lo vas a poder hacer de repente, como te he dicho, deberás de tener paciencia. Puede que lleve mucho tiempo. Primero, hay que conseguir quitarle ese “Kaoru-dono” de la boca, que te trate como la persona que en realidad eres para él. Y también deberías cambiar tu figura autoritaria. Si te tiene miedo no es por tu aspecto, ni mucho menos, si no por tu comportamiento.
Asintió cada vez más interesada, hasta que de pronto se dio cuenta de que la persona que tenía delante y que le estaba hablando sin burlas o ironías era el propio Sano. Sonrió.
- Le das miedo, Jo-chan. Trata de ser más amable, no enfadarte por cosas pequeñas, y no te enfades tanto cuando Megumi hable sobre vosotros. Trata de ser más racional en esos momentos.
“¿Me estará insultando?”
- Dale muestras de cariño, de vez en cuando. Podrías ponerle apodos, por ejemplo.
- ¿Apodos?
- Olvida lo de los apodos. Pero lo del cariño es muy importante. Debe darse cuenta de que cada día le quieres más. Dale de vez en cuando algún beso, aunque sólo sea en la mejilla. Incluso sólo con eso puede que deje de llamarte señorita Kaoru. Sal de paseo con él, ir a alguna parte juntos, divertiros juntos... Cosas así.
Justo cuando iba a empezar otra frase, apareció Yoshi y se sentó en medio de los dos, mientras los miraba animado. Kaoru se enrojeció.
- ¿No deberías estar dormido?
- No tengo sueño, además me interesa saber por qué ha venido Sanosuke. ¿No es muy raro que esté por aquí a estas horas? ¿Qué estabais... haciendo?
- Estamos conversando, lárgate. – dijo él -
- Vamos, no os molestaré.
- Es una conversación de mayores, no la entenderías, ni debes oírla, fuera.
- No pienso largarme, y si es una conversación de “mayores”, mucho mejor. Estoy harto de que me tratéis como a un crío.
- ¡Te voy a...!
- Espera, Sano. Yoshi, esto es muy importante, pero muy privado. El hecho de ser mayor también consiste en comprender y respetar los derechos y la intimidad de los demás. Nos estás dando razones para que te tratemos como a un crío.
Yoshi se puso en pie.
- Tienes razón. Os dejaré solos.
- Muchas gracias.
- Adiós – y se fue, cerrando la puerta después, mientras se oía como un ligero susurro – vieja bruja.
Sano esperó a que la vena desapareciera de la cabeza de su amiga antes de seguir hablando.
- Como decía, tienes que darle muestras de cariño, y todo eso, besarle de vez en cuando y...
- ¿Besarle?
- Sí.
- Nunca he besado a nadie aparte de a mi familia, y lógicamente, no en la boca... ¡No sé como hacerlo! – gimió – Me da vergüenza.
- Bueno, es fácil, ¿entiendes lo básico?
- Sí, ya sé que se hace, pero me da vergüenza.
- Vaya... Creo que así no estamos llegando a ninguna parte.
- ¿Debo hacerlo?
- Si tú quieres...
- Yo quiero hacerlo. Pero...
- ¿Pero?
- No... Puedo...
Silencio.
- Pues si te ruborizas con un beso no sé cómo pretenderás llegar a hacer el amor.
Kaoru levantó la cabeza tímidamente. Le parecía incómodo hablar de esto con alguien, y más que con alguien con Sagara.
- ¿Tú crees que funcionará así?
- No lo dudo.
- ¿Tú... lo has hecho?
- Uh...
- No lo has hecho, ¿verdad?
- No, pero...
- Me lo temía.
Sano se apresuró a decir lo siguiente, dejando de lado el otro tema.
- No te preocupes por si no sabes besar. Él también es (¿será?) novato, así que estáis en igualdad de condiciones.
- Tienes razón. Lo haré. Le besaré. – la imagen del acto le llegó a la cabeza con una ligera sensación de “dèjá vu”. Era una situación ampliamente vivida en sus sueños, hasta el punto de no querer levantarse por el simple hecho de seguir besándose con él aunque fuera en su mundo -
- Cuando hayas conseguido eso, no te será muy complicado hacer lo que llevabas pensado... Claro que lo que tenías pensado tendrías que hacerlo antes de hacer el amor... Aunque también pudieras hacerlo después, pero... todo a su tiempo... Ah, también hay que conseguir que os beséis en público, si queréis perder el miedo, pero también habrá que dejarlo para después.
- ¿Y durante?
- ¿Durante?
- Durante... durante el “acto”. ¿Qué hago?
Los dos se enrojecieron.
- Eh... ¿Sabes lo que hay que hacer?
- Más o menos. Es decir, sé lo principal, ya sabes, pero le oí a Megumi un día que también había que hacer otras cosas, pero que no me las iba a explicar, porque todavía era una cría.
Sano acercó la cabeza hasta donde ella pudo verla con claridad.
- Mira,
“pequeña”, a los hombres de verdad, y a las mujeres, nos gusta...
Cómo llamarlo... “jugar”, con nuestros cuerpos, es decir, con el
de la pareja, algo que llamaré “preliminares” de hoy en adelante,
sobre todo porque prefiero no llamarlo
“juegos”.
En el acto... cuando llegue, deberás de tomar tú la iniciativa.
Él estará muy verde para ese momento, y tú tendrás
todo lo necesario para ser una mujer de verdad. Espera, me tengo que ir,
pero mañana te traeré un papel lleno de preliminares, que
seguro que te gustarán. – sonrió con malicia -
Se levantaron.
- Dime otra cosa, Sano, la última. Espero que no te enfades, pero eres virgen, ¿verdad?
Él abrió la puerta del cuarto con pesar.
- Sí. Siento decirlo, pero soy virgen.
- Gracias por todo. Eres el mejor amigo que pudiera tener.
- De hecho, soy tu único amigo... – salió corriendo como alma que lleva el diablo - ¡Adiós!
- ¡Ya verás mañana!
Cuando por fin salió del recinto del dojo, Kaoru sonrió y se quedó pensando en lo que había dicho. Había tenido razón en todo. Debía de mostrar más cariño por Kenshin. Mañana empezaría su nueva vida.
Casi inmediatamente se hallaba en la calidez de su cama, apoyada en la dulce almohada.
De nuevo en su mundo maravilloso, perfecto, pero a la vez tan irreal... un mundo en el que ella y Kenshin eran dos enamorados, dos apasionados enamorados que se querían cada día un poquito más.
La almohada llevó al sueño a la chica, mientras sostenía su cabeza y su pelo que se deslizaba entre las sábanas.
Era su sueño.
¿Qué
importaba fregar ahora?
- Kaoru-dono, despierta...
Kaoru se subió lentamente la sábana que alguien le había bajado a traición. Segundos después, la misma mano le apartó el pelo de la cara con dulzura.
- Kaoru-dono...
Su cansancio era enorme, sus párpados no le respondían apenas, pero aún así los abrió. Como si hubiera sido el sueño que hace pocas horas había tenido, Kenshin estaba a su lado, sonriente, mirándola con sus penetrantes ojos violeta. Enérgicamente la chica se levantó, mientras que Kenshin sonreía más aún.
- Buenos días. Siento haberte despertado, pero son casi las doce del mediodía, y tenía que irme a comprar.
- No importa, Kenshin. Me alegro de no haberme quedado dormida hasta la tarde. ¿Qué ibas a comprar?
Su amabilidad fue un resorte. Algo tan nimio como que la despertaran la habría enfadado si viniera de otra persona, particularmente porque odiaba despertar si no era por si misma. Pero no se enfadaría con Kenshin. No, porque él era su sueño, algo que no puede descuidarse.
- Un poco de tofu para la comida.
Los dos salieron al jardín, Kaoru aún en una ligera ropa de Verano.
- ¿Y Yoshi?
- Se ha ido a Lenni’s a jugar, a dicho no sé qué de la mañana libre. – se estiró el gi y se puso la sakabato en su sitio -
- Bueno, pues...
El simple hecho de que él hubiera torcido la cabeza para mirarla la estremeció. Esa sonrisa tan conocida bajo esos ojos violeta que ella adoraba... Su corazón palpitó con violencia mientras le correspondía la mirada. Directamente a los ojos, con una cariñosa sonrisa, permanente en sus labios. Kaoru bajó su vista hacia los labios de Kenshin. Labios que estaba deseando besar.
“Vamos, puedes hacerlo. Sólo tienes que adelantarte y besarle. Un simple beso. Hazlo”
- ¿Sí?
“No es un sueño. No funcionará.”
“Hazlo” – respondió el otro lado de su cerebro -
Movió los labios como para decir algo, pero no pudo ni siquiera mover los ojos de aquellos ojos violeta que la hipnotizaban. Ella deseaba con pasión ser el paciente de ese hipnotizador pelirrojo.
- ¿Kaoru-dono? Oro...
Se sentía débil, como en otro mundo, con la mente en otro sitio. Estaba en su mundo. En su mundo particular, donde todo es perfecto. Donde Kenshin está con ella en cada instante, a cada momento, besándola, acariciándola, amándola...
“¡Hazlo!”
Sus labios.
Allí estaban. Abiertos. De par en par. Acariciándolos. Ella los pudo sentir cálidos, palpitantes. Sintió saliva que normalmente le habría dado asco. Pero no si era de él, y menos aún hoy. Hoy estaba en su mundo, excitada, y su lengua comenzó a introducirse en aquella boca... demasiado tarde. Kenshin ya se había separado.
Ella no pudo más que cerrar la boca ante la expresión de Himura. Sorpresa. Denotaba muchísima sorpresa, al igual que pequeños surcos rojos en sus mejillas. Parecía una estatua, totalmente clavado en el suelo.
“Tengo que hacer algo”
Kaoru estiró la mano y comenzó a “plancharle” nerviosamente la camisa.
- Que, que... que te vaya bien y que... que encuentres... buen tofu... – su sonrisa temblaba sin cesar. -
- Va-vaya, gracias. – Kenshin temblaba claramente indeciso y con la cabeza en otro sitio, mientras que su cara parecía un cuadro. Como siempre, lo único que acertó a decir fue: - Orooooo...
Se dio la vuelta medio atontado y echó a andar hacia la salida. Kaoru hubiera deseado poder verle la expresión, mientras ella se sentaba en el porche, ya que sus piernas ni siquiera se sentían seguras con tamaña excitación.
El rurouni desapareció tras una esquina sin que su expresión pudiera verse por última vez.
Kaoru no pudo más y hundió su cabeza en sus rodillas. Había sido... tan excitante.
Maravilloso. Tal como ella lo había soñado. Lástima que no hubiera terminado como en su sueño.
Se quedó allí, pensando, por unos minutos, confusa pero tremendamente feliz. No se lo había tomado mal (por lo menos no estaba más confuso de lo normal), pero ahora se arrepentía de no haberle acompañado en su viaje a la tienda. Vería que pasaba cuando él volviera, quizás se replanteara su situación, su relación. Quizás...
- ¡¡Hola!!
- ¡Ah!
Kaoru casi se cayó al suelo del susto. Se enfadó al ver a Sano, que se sentó a su lado.
- Que niño más gracioso. – se burló Kaoru, aún estando reconfortada de tener alguien con quien hablar -
- No te lo tomes mal, era sólo una broma, a ver si descargas de ira esa cabecita tuya.
- Pues tú a ver si te peinas.
- Eso ha sido una patada en el culo de mi amor propio.
- ¿Y lo que tú dices no lo es para el mío?
- ¿Para tu culo o para tu amor propio? – antes de que pudiera responder cambió de tema – Bueno, he visto lo que ha pasado...
- ¿Estabas espiando? – exclamó Kaoru –
- No, no, simplemente venía por aquí para ver que tal te iba, para hablar contigo, y todo eso.
- Algo, por otra parte, nada común en ti.
- Oye, ¿acaso no te estoy ayudando, algo nada común en mí?
- Lo siento. Te estoy muy agradecida.
Sano la miró como un sensei mira a su alumno.
- Aprendes rápido. Quizás demasiado. No puedo creerme que le hayas besado de esa manera sin ningún motivo.
- Es... no sé... Llevaba toda la vida queriendo hacerlo... y ahora también había otra persona a mi lado que quería que lo hiciera. – Kaoru le sonrió –
- No sabes lo irritante que es enseñarle algo a alguien y que inmediatamente ya sepa de eso más que tú. – murmuró –
- ¿Qué?
- Nada... Bueno, ¿qué se siente?
- No... no lo puedo describir. Es maravilloso... sus labios... – Kaoru soltó un grito de alegría que destrozó el tímpano de Sanosuke -
- No puedo decir que te comprendo, porque, como tu sabes, yo todavía no lo he hecho.
- Aah... ¡¡Quiero besarle otra vez!!
Sano la calmó un poco poniendo su mano en el hombro de la chica.
- Jo-chan, piensa un momento en lo que has hecho. Le has besado, en la boca, sin ningún motivo aparente. ¿Cómo crees que se lo tomará Kenshin?
- No... No lo sé. ¿Ha sido precipitado?
- Bastante. Más teniendo en cuenta lo impredecible que es Himura. Bueno... no te preocupes. Ya veremos que pasa, no creo que vaya a salir huyendo.
- ¿Debería comportarme como si no hubiera ocurrido?
- Compórtate normalmente.
- Me va a ser imposible, Sanosuke. ¡Le he besado! ¡Me he atrevido a besarle después de tanto tiempo! A partir de hoy no creo que pueda comportarme de forma normal. ¡¡Necesito besarle otra vez!!
Sano exhaló. Cerró los ojos y se rió mientras negaba con la cabeza.
- La
pequeña Kaoru ya es toda una mujer... y dices eso de un simple beso.
Imagínate lo que será cuando hagáis el amor.
Le costaba
imaginarlo. No, mejor dicho, le era imposible imaginarlo. Debía
de ser maravilloso. Lo más placentero de esta vida, y encima haciéndolo
con la persona que ella amaba... De inmediato se dio cuenta de lo impaciente
que estaba por actuar.
- Me lo imagino. Yo... – se levantó – tengo que ir al baño.
- ¡Si serás guarra! – dijo con una sonrisa -
- ¿Qué? Orinar es una cosa normal.
- Olvídalo, olvídalo.
Kaoru se dio la vuelta.
- Espera un momento, tengo que... – comenzó a hurgar en su bolsillo – darte una cosa.
Kaoru cogió el papel que Sano le tendió, vacilante.
- Será mejor que lo leas en el baño, que si no tendré que cambiarte los pañales.
- Ja ja ja. – a pesar de las bromas, comunes en él, ya no se sentía tan irritada -
Nada más entrar en el baño y sentarse, Kaoru alzó la nota escrita a pluma (y con mala caligrafía) y comenzó a leerla sin mucha convicción.
“Preliminares... por Sanosuke Sagara, Sensei del amor”
- ¡Pero qué flipado! – dijo sin querer en voz alta -
Kaoru comenzó a orinar mientras sostenía el papel con una mano. No sabía realmente lo que iba a leer, y realmente, tampoco se esperaba lo que estaba leyendo.
A cada línea más que leía su cara enrojecía más. Todo estaba lleno de cosas tabú, que nunca se le habrían ocurrido, ni en sus fantasías más subidas de tono.
Cuando salió del lavabo sus ojos apenas tenían expresión y no compactaban con el rojo de su cara, ni el sudor de su piel. Sanosuke se apartó un poco cuando la vio llegar de esa guisa. Cuando ella le llamó, su voz bramó como el más fuerte de los truenos, y cuando se paró delante de él, apenas podía esconder el miedo.
- Bueno...
¿Qué... Qué te parecen?
- ¡¿¡¿Qué que me parecen??!?
Sano se levantó de un salto y dio un paso atrás. Había leches en perspectiva.
- Yo...
- ¿Tu crees que esto podríamos hacerlo? – gimió mientras se sentaba. -
Sanosuke se echó a reír, ya más tranquilo.
- Créeme, en ese momento, hará todo lo que tu quieras. Y eso, eso estará entre sus preferencias. – exclamó orgulloso -
Kaoru miró al papel de nuevo y leyó pesadamente una línea al azar mientras trataba de traga la saliva. Estaba totalmente roja.
- ¿Te gustan? Lo he escrito especialmente para ti.
Ella respondió sin despegar la vista de la hoja.
- ¿Debería...? Esto es muy fuerte. Quizás demasiado para mí. Esto ha sido como un curso de choque. No había hablado de esto con nadie, y de pronto descubro cosas que ni sabía que existían.
- Vamos, Jo-chan, anímate. Dentro de unos días... o, bueno, quizás más tiempo no pensarás eso, y lo que es mejor para ti, no te podré llamar Jo-chan.
Al ver que no respondía, mejor dicho, no podía responder, se acercó y miró por encima de su hombro para leer él también.
- ¡No mires! Me da vergüenza...
- Pero bueno... Si lo he escrito yo...
- ¿Eso también se utiliza de esa manera? – saltó de pronto -
Sanosuke se rió con ganas mientras ella abría los ojos de par en par.
- ¿Quién te ha dado esto?
- Lo he escrito yo.
- No, ¿de dónde has sacado las ideas si eres virgen?
- Instinto masculino.
Kaoru frunció el ceño.
- Jo-chan, no sólo salgo de casa para comprar, ¿sabes?
Kaoru se guardó el papel en el bolsillo del kimono.
- Quiero hablar contigo más a menudo.
Sano se soprendió.
- ¿Para? Ya sabes lo mismo que yo sobre sexo.
- No, sobre cualquier cosa. Me gusta hablar contigo... cuando no me insultas.
- Ah, ¿sí? Vaya, eres la primera mujer que me lo dice... qué demonios, la primera persona que me lo dice. Bueno... Si quieres... ya hablaremos.
Kaoru se levantó.
- Si hubiera sabido esto antes...
Sano se puso delante de ella y la miró a los ojos con expresión seria, cosa que la sorprendió.
- Si lo hubieras sabido antes, ¿qué? No te lo tomes a broma. Aunque parezca que yo lo hago, el sexo... el “hacer el amor” es una cosa muy seria. No quiero que te conviertas en una adicta, ¿Me oyes?
Kaoru no pudo más que asintir tímidamente.
- Es una cosa de dos, y deberías enseñarle algunos puntos de la lista a él cuando lo tengáis planeado, aunque quizás te sorprenda, puede que los sepa. Los tíos somos así. – y soltó una risa – Y no creo que Kenshin sea muy diferente.
Asintió con la cabeza, no podía dejar de pensar en lo que había leído.
- Nunca
me habían dicho nada sobre esto. No había hablado con nadie
de esto antes. – repitió, medio atontada -
Sano
se dio la vuelta.
- No sé si era buena idea que fuera yo quien te lo contara, al fin y al cabo tenemos ideas diferentes sobre ese tema. ¿Qué hay para comer?
Kaoru se giró y miró hacia la puerta.
- Kenshin va a traer tofu, y pronto vendrán las nietas del doctor, y Yoshi. – volvió a pensar en lo primero que había dicho y su cara se volvió a iluminar – Kenshin...
Sano se dio cuenta de que estaba como en las nubes y, agarrándola por los hombros, la ayudo a entrar en casa.
- Olvídate de todo ese asunto ahora, y durante la comida. No me gustaría que estuvieras todo el rato mirando a Kenshin de forma acaramelada.
- No voy a poder evitarlo. Quiero...
- Bueno, bueno, no tienes por qué evitarlo. Tan sólo mírale normalmente, como haces siempre. Y lávate la cara, estás sudando.
Ella echó a andar hacia el pozo.
- ¿Te refieres a cómo le miraba cuando no sabía el sabor de sus labios? Me es imposible. Le necesito.
- Sí, sí, sí... Ya lo sé. – Sano se apoyó en la puerta -
- Pon tú la mesa, por favor, Sanosuke.
- No
puedo, estoy ocupado. – dijo mientras se recostaba en el suelo. -
Ella le había besado. Kenshin no podía creerlo. Ella, simplemente, sin que fuera un momento especial, tan sólo porque él salía de compras, le había besado.
En la boca.
Fue maravilloso. El sabor de su boca aún podía distinguirlo, a pesar de que prácticamente ya hubiera desaparecido. El sabor la boca de su querida Kaoru. Nunca jamás Kenshin se había sentido tan bien, tan en paz, sabiendo que todo marchaba como debía, que por fin podría amar a Kaoru como realmente quería amarla.
Hasta ahora, porque algo en la mente de Kenshin le decía que eso era imposible.
“Soy estúpido”, pensó Kenshin mientras volvía para el dojo.
Deseaba besarla, acariciarla, amarla, hasta la extenuación. Pero era imposible.
Ni siquiera podía asegurar que el beso hubiera sido real. Cada vez que pensaba en ello le parecía un sueño, un vago recuerdo, y el hecho de que el beso hubiera sido en un momento no propicio sólo reafirmaba su posición. Sin embargo, ese sabor que todavía conservaba...
Necesitaba amarla.
“Soy estúpido, maldita sea”, repitió. Si algún momento de su vida había dudado de seguir siendo un samurai sin rumbo, un rurouni, este era uno de esos momentos. Su honor le impedía amar a Kaoru, por que quizás ella sufriera, y eso no podría soportarlo. Nunca había querido una relación para no implicarla en sus peleas, para que no tuviera que vivir asustada, sintiéndose vigilada a cada esquina, con espadas esperando matarla.
Ya le ocurrió una vez, y no estaba dispuesto a dejar que la historia se repitiera.
Su esposa murió por su culpa, por su insensatez. La persona que más amaba murió por su culpa, por implicarla en peleas sin sentido.
Y ahora Kaoru, la que más amaba, podría desear ser suya. No. Definitivamente no. Él mismo se quitaría la vida si le pasara algo a esa Diosa de sus sueños que le dio apoyo, una casa, compañía, amor... y que ahora quería una relación.
“Soy estúpido”, repitió sin cesar.
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