Lios de faldas
por Gormunguss Jones

[Carla: Los disclaimers (alguien sabe como rayos se dice eso en español???!!!) normales aplican en este caso, y la historia es de Gormunguss, no mia. Este tiene unas cuantas palabras fuertes, pero despues de todo estamos hablando de Sanosuke, asi que es perdonable. Disfruten!]

- ¡Ken-nii, ven a jugar con nosotras!

- ¡Sí, ven! – gritó la pequeña Suzume -

Kenshin estaba en el jardín, tendiendo la ropa, a la vez que Kaoru y Yoshi limpiaban la casa. Sanosuke, para no variar, lo único que hacía (prácticamente lo único que hacía bien), descansaba sentado en la entrada, mirando a las dos nietas del Dr. Genzai.

- Lo siento, ahora no puedo... Estoy tendiendo, esperar a que acabe, ¿de acuerdo?

- ¡Sííííííí!

Mientras que las niñas se iban, Kenshin rió. Cogió el kimono de Kaoru y lo metió en el balde de agua para limpiarlo.

- ¡Sanosuke! ¿¡Es que no piensas ayudar!?

“Ya está ahí de nuevo”, pensó Sano.

- Si ni siquiera es mi casa. – inquirió -

- ¿Y qué? Pero casi vives con nosotros.

- Eh, bastante tengo con limpiar la mía.

Antes de que la chica dijera nada, Yoshi apareció sonriente al lado del luchador.

- No mientas que ya he visto como tienes la casa.

El golpe que le dio casi le saca los ojos.

- Cállate, enano.

- De todas formas, Yoshi tiene razón. No haces nada. Encima que te doy de comer como si fueras un bebé.

- Eh, no exageres.

- ¡Bueno, lo que Kaoru-chan nos da no se puede considerar comida! – soltó Yoshi nada más levantarse -

Y, como no, empezaron a perseguirse por toda la casa.
 

Horas después, a las 6 de la tarde, lloviendo, la puerta de la entrada del dojo Kamiya Kashin se abrió y por ella entró la chica cargada con bolsas. Bufó levemente mientras trataba de cerrarla con el talón. Cuando entró en la cocina se sorprendió de no encontrar a Kenshin. “Bueno, se habrá ido a comprar algo”, pensó. Cansada se dirigió a su habitación y comenzó a quitarse el kimono mojado. Dentro de poco sería la hora de la cena y le tocaba a Kenshin cocinar (aunque en realidad todo el mundo quería que cocinara él, ya que cocinaba mejor, y además así Kaoru se ahorraba el pasar por las burlas). Estando desnuda dio un paso hacia el armario. Cuando lo abrió recordó que tenía que comprarse un vestido nuevo para estar en casa. La verdad es que los kimonos no daban mucha libertad, por eso tenía un pantalón corto y una camiseta de manga corta para los días calurosos, pero ese estaba...

Pasos.

Pasos que se acercaban.

- Kaoru, ¿dónde estás?

Tenía un nudo en la garganta, no podía verla así. De una patada en el lateral corrió la puerta. Casi inmediatamente la sombra de Sanosuke apareció detrás de la puerta.

- Ah, Kaoru, estás...

La adolescente se quedó de piedra. Le veía demasiado bien, la ventana del otro lado de la puerta estaba abierta y la luz se proyectaba contra él, permitiendo ver perfectamente el contorno, pero no se quedó de piedra por eso, si no por que detrás de ella también había una ventana, no se había fijado antes, pero estaba entreabierta.

Sanosuke se puso totalmente rojo. Veía que Kaoru estaba paralizada, pero eso le permitía ver con toda claridad las curvas de su cuerpo. ¡Y qué curvas!

- Eh... Yo...

Instintivamente, la chica se echó a un lado tratando de ponerse en el lado de la pared que no había puerta, con tan mala suerte que tropezó y se cayó sobre la puerta, que no pudo soportar su peso y cayó al suelo. Antes de que se pudiera dar cuenta, estaba tumbada boca abajo enfrente de Sanosuke.

“Oh, Dios, esto no puede estar pasando...”

Segundos después, la curiosidad por saber como se lo habría tomado Sanosuke le hizo levantar lentamente la cabeza.
Ni se había inmutado.

Allí estaba, con la boca entreabierta, expresión de asombro y, eso sí, totalmente rojo. Kaoru no sabía que hacer, no podía levantarse, ni arrastrarse, pero...

- Jo-chan, eh... te... te... ¿te ayudo a levan... tarte?

“¿Pero qué se cree este tipo?”

Kaoru hundió la cabeza en el suelo.

- ¿Podrías... – comenzó a decir furiosa – podrías darte la vuelta, por favor?

El luchador se giró rápidamente.

- Yo... yo no he visto na... nada, ¿eh?

- Sanosuke, - se levantó y se giró hacia el otro lado – sé de sobra lo que has visto. – y se sonrojó -

- Pe... pero no puedes entrar en tu cuarto, la puerta está rota y además la ventana abierta, te pueden ver...

- Vale, pero cierra los ojos, me voy al cuarto de Yoshi.

- Esta bien, yo...

Los dos chocaron de frente. Kaoru se apartó como un rayo y tapó sus ojos para que no los abriera.

- ¡Sanosuke, por favor! ¡Vigila donde pisas!

- Esto... – tragó pesadamente – Sí.

Cuando oyó que una puerta se había cerrado, Sanosuke abrió los ojos y pensó en lo que había pasado. Estaba confuso y... ella estaba tan... tan... No podía más que pensar en lo que había visto, pero tenía que arreglar esa puerta antes de que Jo-chan se pensara cosas que no eran... o quizás lo fueran. En cualquier caso, Sanosuke tenía una cosa segura, ese encuentro no lo iba a olvidar en mucho tiempo, y ella tampoco. Más tarde, cuando terminó, oyó un ligero grito.

- ¡Ah!

Sanosuke se volvió hacia donde venía el sonido, sorprendido. La habitación de Yoshi. ¿Habría vuelto a casa?
Abrió la puerta, pero rápidamente Kaoru la cerró.

- ¡Jo-chan! ¿Qué te pasa?

- ¡Nada, nada! Es sólo que ya he encontrado la espada que había perdido, la tenía Yoshi, pero está rota.

- ¿Sólo eso?

- Sí.

- No está ahí.

- ¿Quién, Yoshi? ¡No!

- Ah, yo había creído que...

Silencio.

Kaoru tosió.

- Esto... Sano, ¿Me das tu ropa?

- ¿Eh? ¿Mi ropa? ¿Y la tuya?

- Estaba tendiéndose, por lo que ahora, está mojada... igual que mi kimono.

El luchador se la miró.

- ¿Y yo como podría ir?

- No sé, pero eso no importa ahora, puedes quedarte aquí.

Sanosuke se sonrojó. Estaba mucho más confuso que antes. Parecía que Kaoru pretendía conseguir algo aparte de la ropa.

- No puedo, Kaoru, ¿y si viene Kenshin y Yoshi y nos ven semidesnudos?

- ¿Qué insinúas?

A Sano le corrió una gota de sudor enorme.

- Sólo digo que Yoshi tendría algo de que burlarse durante bastante tiempo. – aunque fue eso lo que dijo, realmente no lo creía así -

Kaoru se apartó de la puerta, sin darse la vuelta.

- Tienes razón, pero comprende que no puedo ir desnuda por casa.

En otra ocasión Sano hubiera sacado partido para hacer alguna broma, pero tenía un enorme nudo en la garganta. Comenzó a quitarse la camisa.

- Bueno, de acuerdo. Supongo que esto te llegará a las rodillas, pero procura no ponerte de puntillas o subirte a algo, y menos aún tener a Yoshi alrededor, ya sabes. – ni siquiera pudo decirlo en tono de broma, estaba agobiado – Eh... Necesitarás algo con lo que atártelo a la cintura, espera a ver si encuentro algo.

Sanosuke metió la mano por la rendija de la puerta tendiendo su camisa blanca. Ella la cogió y se la puso. Luego, se fue.

- ¡En la habitación de Kenshin no hay nada, no busques! ¡Lo ha tendido todo antes!

Sano volvió.

- Mira tú por ahí.

Comenzó a buscar en el armario y, tras un rato, encontró una cuerda pequeña y se la ató. Le quedaba bien.

- Ya está.

Cuando salió de la habitación y se encontró con Sanosuke trató de sonreír, pero no pudo, aunque no estaba enfadada con él. La situación era demasiado incómoda. Ahí estaba él, sin camisa y ella únicamente con la camisa.

- Y... Y ahora, ¿qué hacemos?

- No sé, le toca a Kenshin hacer la cena.

- ¿A Kenshin? Si se ha ido a Tokyo a buscar unas medicinas para el Dr. Genzai, me había mandado a que te lo dijera, que le corría prisa, pero se me había olvidado decírtelo, para eso he venido.

- ¿¡Y por qué no ha ido el doctor!?

- Bueno, él tenía que hacerse cargo de la clínica, me ha dicho que estaban muy ocupados.

- No entiendo por qué no me lo ha dicho. Él...

- Lo ha sabido hace poco. Volverá esta noche, o si no mañana.

Kaoru se encogió de hombros.

- Pues parece que me toca a mí hacer la cena. Pero, por favor, no te vayas, cuando venga Yoshi se va a creer lo que no es, como tú has dicho.

Sanosuke sonrió a la chica mientras iba a la cocina, ella lo siguió.

- ¿Con esta tormenta? Total, no pensaba ir a ninguna parte.

- Gracias.
 

Habían pasado dos horas de las 6, ya estaba casi de noche y no tenía ninguna pinta de que fuera a parar de llover, si no que arreciaba más fuerte aún. Yoshi no había vuelto.

Sanosuke Sagara y Kaoru Kamiya estaban en el salón. Él estaba tumbado con las manos debajo de la cabeza, tapado con una manta, y a su lado, la chica, quien leía la prensa de esa mañana a la vez que comía un poco de sushi. Un poco más tarde, ella cerró el periódico y se tumbó a su lado.

- Que frío hace.

- Sí, y más que va a venir. Parece increíble que estemos en Octubre.

Kaoru se deslizó debajo de la manta y miró hacia arriba.

- ¿Te importa...?

- No.

Silencio.

- ¿A dónde habrá ido Yoshi?

- Me dijo que iba al Akabeko, no sé para que (aunque lo supongo). Ya sabes como es Tae, le habrá dejado quedarse allí hasta que terminara de llover. – giró la cabeza hacia la ventana cerrada – Lo que será para toda la noche. Bah, no te preocupes, ya vendrá mañana.

- Eso significa que vas a quedarte aquí toda la noche.

Sanosuke se volvió, Jo-Chan no lo había dicho con tono reprochativo, parecía sincera. Ella no le miró. Estaba comiendo sushi a pequeños bocados. Sano volvió a mirar hacia arriba.

- Si, bueno, supongo que sí.

Silencio.

- Tengo que ponerme algo más. Si me encuentra así alguien aparte de ti va a creer que nos hemos liado o que soy una furcia.

A Sano le cayó una gota enorme de sudor.

- Es lo que te iba a decir antes.

- ¿Me ibas a llamar furcia?

- ¡No, no me refería a eso! Te iba a decir que iban a pensar cosas raras... Bueno, Kenshin no, ya sabes como es.

- Ya lo has dicho antes.

- Ah... Tienes razón, sí. Lo he dicho.

- Bueno, pero tengo que ponerme algo...

Jo-chan miró al cielo a través de la ventana, ya se había hecho totalmente de noche.

- No sé qué.

- Ni yo, pero...

- No te voy a dar mis pantalones, ni lo sueñes.

- Ya lo sé. Si me pongo algún ge de Yoshi, aparte de que no me estaría bien, me quedaría igual, necesito ropa interior.
Kaoru se sentó apresuradamente, con lo que se le abrió un poco la camisa por arriba. Antes de que Sano apreciara nada, se la puso bien.

- Yo... eh... necesito tu ropa interior.

Sanosuke se quedó de piedra y, cómo no, rojo como un tomate.

- ¿Qu-qué? ¿Mi ro-ropa interior?

Ella también se puso roja.

- Yo... La necesito, porque, como tú has dicho, se me puede ver en cualquier momento y...

- ¡Yo también los necesito!

- Pero tu tienes pantalones, te tapan perfectamente.

Sanosuke resopló y comenzó a hacer contorsiones debajo de la manta a la vez que Kaoru miraba para otro sitio, por sí acaso. Poco después él le tendió sus calzoncillos esta vez más rojo imposible, al igual que ella.

- Toma.

Ella los cogió rápidamente y se fue a levantar.

- Cuidado, que todavía no los tienes puestos, te puedo ver.

- Pues cierra los ojos.

La adolescente se levantó y, tras alejarse un poco, se subió la camisa y comenzó a ponérselos.

- Todavía no los abras, ¿eh?

- No. Por cierto, ni se te ocurra olerme los calzoncillos, ¿eh?

- ¿¡Por quién me tomas!?

- Eh, lo siento, lo siento, era broma, no te enfades, “chico malo”. *

No respondió.

- No te enfades, que no están sucios, ni nada.

- Conociéndote, eso me extraña mucho. – dijo con expresión seria mientras terminaba -

Segundos después notó como se volvía a deslizar debajo de la manta.

-  Ya puedes abrirlos.

Así lo hizo.

- Por cierto, no tomes esto de los calzoncillos como una costumbre, ¿eh?

- ¡No digas tonterías!

Ninguno de los dos habló en un rato. Para no variar fue ella la que rompió el silencio.

- Fue horrible, ¿verdad?

- ¿El qué?

- Ah, lo siento, estaba pensando... Yo... ¿Cómo era el capitán Sagara?

Sanosuke miró al techo. La verdad es que no tenía muchas ganas de hablar de eso en este momento. Seguramente le deprimiría.

- El, ah, capitán... Bueno, él fue un gran hombre. – sintió que dijera lo que dijera no iba a poder contarle lo que fue realmente – En realidad, él fue muchísimo más que un gran hombre. Yo le quise como a un padre. Seguramente más que a un padre, teniendo en cuenta que ni siquiera recuerdo a mi verdadera familia. Me enseñó todo lo que sé. Me enseñó lo que merecía la pena en la vida, me enseñó también a defenderme de los demás, a sobrevivir... – sonrió por no llorar – Me enseño a sobrevivir, y no pude ni salvarme yo mismo. Yo...

Kaoru notó su tristeza y se sintió culpable.

- No tienes por que hablar sobre él si no te apetece.

- ... me enseñó a defender lo que valía para mí, aún a costa de mi vida, lo que creía... – sus ojos se humedecieron, lo notó, y trató de reír – Hasta que esos bastardos le asesinaron...

Kaoru se entristeció mucho.

- Puedes llorar si quieres... No me voy a reír de ti. Es bueno expresar tus sentimientos.

Sanosuke se calmó ligeramente y volvió a ponerse las manos debajo de la cabeza. La chica le tendió una almohada.

- Toma.

- Gracias. – su voz temblaba -

Kaoru se le quedó mirando por un rato, triste. Él lo notó, pero no dijo nada. Cada vez parecía estar más a punto de llorar. Ella se le acercó y lo abrazó por un lado, compasiva.

- Llora un poco, Sano-nii, te sentará bien.

Su cuerpo se volvió hacia ella. Una lágrima mojó su almohada.

- Tiene gracia, ¿sabes? – dijo, triste – Yo siempre te he considerado como una hermana para mí, pero nunca te lo había dicho, por miedo a que me pegaras...

Sonrió.

- A partir de ahora me dirás lo que piensas, ¿vale? Sea bueno o malo.
 

* Sanosuke se refiere a la palabra que pone detrás de su camisa, que ahora tiene ella  puesta. La palabra es “malo”.
 

- Odio tu comida. – soltó una risa, pero casi inmediatamente muchas lágrimas empezaron a brotar de sus ojos -

Ella apoyó la cabeza en su hombro.

- No tenía por qué... por qué haber muerto, Jo-chan... Le mataron a traición, esos malditos políticos bastardos...

Sin querer, sus ojos también se humedecieron, aunque trató de evitarlo.

- Mi padre también murió durante la guerra, ¿sabes? Defendiendo el que siempre fue su lema, “ la espada protege la vida”.

- Tu padre también fue un gran hombre.

Silencio.

Sanosuke se separó lentamente, volvió a mirar hacia arriba y sonrió, a la vez que se enjuagaba las lágrimas. Justo en ese momento, y al darse cuenta de lo que había pasado, Kaoru le soltó y recostó la cabeza en la almohada.

- Somos... Somos patéticos. – dijo el luchador -

Nadie dijo nada en unos minutos.

- Ya es tarde... Tenemos que dormir.

- Yo seguiré despierto un rato.

Kaoru sonrió.

- Entonces yo también, lo decía por ti, por si tenías sueño.

Él también trató de sonreír, y esta vez lo consiguió.

- Pásame el periódico, ¿vale?

Kaoru lo cogió mientras encendía una vela.

- Tae ha puesto un anuncio, dice que va a poner más barato el menú del día.

- Me da igual, nunca pago.

- Un día de estos se va a enfadar en serio.

Sanosuke cogió el periódico que ella le tendió.

- Espero que no, o tendré que venir a desayunar también a tu casa.

- No habría problema, si cocino para tres puedo cocinar para cuatro también.

Sano puso cara de malicia.

- No, si lo digo para la salud de mi estómago.

Ella le pegó con la almohada.

- Sanosuke no baka!

- ¡Vale, vale, lo soy! ¡Para ya! – dijo riendo - ¿No me acababas de decir que te dijera lo que pensaba sin temer que me pegaras?

- ¡Pero sin hacerte el gracioso!

Sanosuke le cogió la almohada y la puso en su sitio.

- Vale, dejaré de burlarme si tú... ¡Oi, está nevando!

La chica se volvió, sorprendida. En efecto, por la ventana cerrada se divisaban copos blancos que caían del cielo. Kaoru se levantó agarrándose la camisa y se fue a la entrada, en el otro extremo de la habitación y entreabrió la puerta. Una ráfaga de frío y nieve entró en casa, lo que hizo que la chica cayera al suelo. Menos mal que se levantó rápidamente y cerró la puerta. Cuando se giró hacia Sanosuke, estaba totalmente alucinada.

- No entiendo nada... ¡Si sólo estamos en Octubre!

Sanosuke se levantó y la agarró por los hombros para devolverla a la cama.

- Ha sido una estupidez, Kaoru, antes no hacía tanto frío dentro de casa, pero ahora casi estamos a bajo cero.

Ella le sacudió un golpe en la cabeza.

- ¡No me digas lo que tengo que hacer!

- ¡Oi, cálmate!

Se tranquilizó mientras se metía en la cama, él también lo hizo.

- Go... Gomen nazai. No sé que me pasa, yo... estaba pensando en lo que pasó hace tres años.

- ¿En el incidente de aquel invierno?

- Sí. – Kaoru miró a la vela, y la acercó para poder verla bien.

Sanosuke resopló.

- Vamos, Jo-chan... No hay razón para ponerse así.

Kaoru volvió la cara hacia el luchador, enfurecida.

- ¿¡Qué no la hay!? Sanosuke, ¿sabes de lo que estás hablando?

- Bueno, la verdad es que ese invierno lo pasé en casa, ya que con esa tormenta no podía ni dar un paso... Por suerte había cogido leña suficiente y...

- ¡Pero nosotros no! Ni mucha otra gente. Una amiga mía se tuvo que quedar en casa, con un frío parecido a este, y cogió una enfermedad. No sabían que hacer para que se curara, y...

Sanosuke sintió que había metido la pata otra vez, y esta vez muy al fondo.

- Yo... lo siento mucho. ¿Qué estabais haciendo vosotros?

Kaoru se subió la manta.

- ¿No hay más mantas?

- No, Kenshin ha lavado todas las demás, pero ¿qué hacíais vosotros?

- No lo recuerdo bien, la primavera siguiente llegó Kenshin y... bueno, me parece que estaba dando clase ese día, y a la tarde fue cuando empezó a nevar... Recuerdo el frío que hacía, pero lo combatíamos con mantas y mucha ropa, pero ahora...

Sanosuke no prestó atención a lo siguiente que dijo. Fijó su mirada en la chica. Temblaba de frío, y él ya empezaba a notarlo.

- Kaoru... – la interrumpió -

- ¿Qué?

- Te estás helando.
Ella asintió con la cabeza. Estaba pálida. Estaba claro que aparte de frío estaba helada por el miedo a coger una enfermedad. Sin embargo, Sanosuke Sagara había pasado por peores en las fuerzas de Sekiko, junto al capitán Sagara. Sintió pena por Kamiya Kaoru, la veía tan indefensa... pero no podía hacer nada, el miedo no se lo iba a quitar, es más, era lógico que lo tuviera porque...

- ¡Sanosuke! ¡Ya estás soñando despierto otra vez! – estaba sonrojada -

- ¿Eh? ¿Qué?

- Te has quedado como embobado mirándome.

- ¡No, no era por ti! Estaba pensando.

Sanosuke se acomodó en la almohada y se volvió al lado contrario de Kaoru,

- Tengo sueño, creo que... que me voy a dormir.

Justo en ese momento, sintió como una mano le tocaba el hombro desnudo. Se le estremeció el cuerpo. El contacto fue casi helado. Cuando se volvió vio a Kaoru triste y temblando, como antes.

- No creo que sea buena idea que te duermas, yo... no entiendo mucho de estas cosas, pero recuerdo que, hace tres años, cuando pasó, el doctor Genzai nos dijo que no nos durmiéramos, porque la temperatura del cuerpo bajaba mucho, y... quizás muriéramos.

Sanosuke se quedó con la boca semiabierta. Kaoru estaba realmente asustada. Pesadamente se giró hacia la adolescente.

- ¿Me estás diciendo que debemos de quedarnos despiertos toda la noche?

Asintió con la cabeza.

- Va a ser una noche muuuuuy larga... – dijo con pesar el luchador -

Debajo de la manta buscó con su mano la de la chica. Cuando la encontró le sorprendió lo fría que estaba y trató de calentarla. Ella le sonrió.
 

La noche era cada vez más fría y oscura. La tormenta de nieve cada vez era más fuerte, y las calles estaban totalmente desiertas. Poco a poco se divisaban cadáveres de gatos y perros, muertos por congelación. Eran aproximadamente las doce de la madrugada.
 

- ¿Ahora de que hablamos? – preguntó el luchador semidormido -

- No... No s-sé, pe-pero tenemos que hablar para... para no dormirnos.

Las cosas no iban nada bien en el dojo Kamiya Kashin. Sanosuke empezaba a notar como el vello del cuerpo se le erizaba, pero no tenía mucho por lo que quejarse. La piel de Kaoru estaba perdiendo el color y se estaba volviendo blanca. Tiritaba de frío y sus labios estaban secos y morados. Estaban a pocos centímetros uno del otro, pero la chica estaba muy mal, y a punto de caer enferma, o quizás ya lo estuviera.

Él le agarro la otra mano, ya que ella estaba de lado hacia él.

- Vamos, tienes que resistir, jo-chan, vamos... – le dijo dulcemente -

- No... no puedo, me voy a dormir, creo que...

Sano podía ver con toda claridad sus preciosos ojos azules, ahora llorosos.

- Necesitas entrar en calor... – dijo mientras le frotaba las manos – No puedes dormirte.

- No... no... Eso no va a hacer nada, necesito que... necesito que... me des tu calor.

Sanosuke se puso rojo.

- ¿Qué... qué me estás pidiendo concretamente?

Ella puso toda la cara de enfado que pudo poner en su estado.

- No se-seas idiota... Ya sabes a lo que me refiero.

- Explícamelo tú.

- Vamos, tenemos que ponernos calientes y... – se paró a pensar lo que había dicho – O... o sea, que t-tú estás caliente, yo fría y... eh... quiero que me abraces fuerte. Lo necesito.

La expresión de asombro que tenía Sano lo decía todo.

- Pero, Kaoru, tú tienes 18 años y yo 20... además... Tú ya estás enamorada de Kenshin y... dada la situación, me parece que sería incestuoso...

Kaoru se puso furiosa y le golpeó en el estómago con la mano, pero le dolió más a Sanosuke comprobar que apenas tenía fuerzas.

- Kaoru...

- Por f-favor...

Con lentitud, Sano se acercó a la chica y la rodeó con los brazos por la cintura, sin querer por debajo de la camiseta. El contacto de su piel le quemaba de puro frío. Rápidamente sacó una mano y la puso en la frente de la chica, que ni se inmutó.

“Oh, Dios...” Debía de tener 40 de fiebre.

Quizás más.

La miró a los ojos. Casi no tenían expresión. No como la expresión de miedo que tenían los de Sanosuke. Debía pensar en algo. Debía de darle medicinas, pero... no tenían ninguna allí, y él no sabía nada de eso. No sabía que hacer, y quizás no
sobreviviera esta vez. Le acarició la mejilla y ella movió los labios.

- Sano... ¿Qu-qué me pasa?

- No lo sé... No lo sé, Kaoru.
Sano la atrajo hacia él y la abrazó con fuerza, mientras le frotaba lentamente la espalda. Ella respiraba con dificultad y trataba de no cerrar los ojos, para no dormirse. Él lo notó.

- No, no... duérmete, Jo-chan, duérmete, tienes que dormirte, tienes que bajar la temperatura.

Los ojos de Kaoru se humedecieron y su cuerpo sufrió espasmos.

- No... no quiero morir...

- No, no vas a morir, me tienes a mí. – deseó que fuera verdad lo que decía – No dejaré que mueras.

Sanosuke Sagara cerró los ojos. Estaba muy confuso y no podía pensar con claridad. No sabía nada de medicina, absolutamente nada y tenía a su lado a una chica enferma con quizás más de cuarenta de fiebre. De todas formas, le pareció raro que la enfermedad se hubiera desarrollado tan pronto, fuera cual fuera. Era verdad que la manta era delgada, y estaban casi desnudos, pero... En fin, Sanosuke trató de no pensar en ello, tan sólo de pensar en una manera de poder salvar a su mejor amiga.

“Si pudiera tan sólo llegar hasta Megumi o el doctor Genzai...”, pensó. “Pero es imposible, con este frío, y ni siquiera tengo ropa para salir a la calle. Quizás yo también me pusiera enfermo si saliera allá afuera.”

Se dio cuenta de que había empezado a sudar. El calor que emitía la chica era horrible.

“Y... ¿y si lo estuviera haciendo mal? ¿Y si estuviera haciendo algo mal que sólo ayudara a que le subiera la fiebre? Si le pasara algo, no me lo perdonaría jamás.”

La pierna de Kaoru se metió entre las de él.

“No he vivido ninguna situación como ésta antes. No se que hacer.”

Acarició el pelo de Kaoru. Su cara estaba apoyada en su cuello, y la levantó un poco para ver como estaba. Seguía despierta, y le miró a los ojos con expresión triste. Sanosuke trató de sonreírle, pero no le salió ninguna expresión.

- Kaoru...

Ella no respondió. Sus ojos azules penetraron en los suyos como el fuego.

- Kaoru, tienes que oírme, no sé que hacer, no lo sé. Necesito que me ayudes.

Siguió sin decir palabra. Tan sólo bajó la cabeza y se apoyó en su hombro.

- No, no, Kaoru, tienes que decirme algo, no sé cómo... – silencio - Kaoru... ¿por qué no me respondes? Háblame, dime algo, aunque sea, yo...

No se inmutó. Ni siquiera se movió. El luchador se alertó por el peligro y le levantó la cabeza. Parecía inconsciente. Trató de tomarle el pulso, pero no sabía medirlo. Al menos le recompuso sentir los latidos de su corazón. Se apartó de ella, lentamente, y dejó su cabeza sobre la almohada. Cuando se levantó la chica empezó a temblar. En su cara se podía ver el sufrimiento. No sabía que hacer. Miró por la ventana y vio que todavía estaba nevando. No podía contener su rabia y lanzó un puñetazo hacia un cuenco de madera, y lo astilló. Se pasó las manos por la cabeza y se giró hacia Kaoru. Segundos después se tiró al suelo y quedó sentado, y, lentamente, sus ojos se fueron humedeciendo.
 

Sanosuke abrió los ojos y se dio cuenta de que se había quedado dormido. Se levantó corriendo y se fue a donde estaba la cama. Vacía. Sanosuke se quedó congelado. La manta estaba echada a un lado.

- ¡Kaoru! –

No comprendía lo que estaba pasando. ¿A dónde había ido? Instintivamente miró hacia la puerta y se imaginó a Kaoru en el porche, congelada. Echó a correr hacia la puerta.

- ¡¡Kaoru!!

Justo en el momento en que puso la mano en la abertura, se detuvo. Oyó un ruido extraño. No acertó a reconocer ese ruido, pero le pareció un ruido que había oído muchas veces. Y entre ellos, intercalados, oyó otro sonido. Un sonido constante y conocido. Sin mucha convicción corrió hacia la cocina, de donde le parecían que venían los ruidos.
Cuando abrió la puerta se quedó sin habla.

Allí estaba Kaoru, sentada en el suelo y modelando algo entre sus manos que pasó a reconocer en seguida. Una bola de arroz. El luchador se acercó hasta ponerse delante suyo. No podía dar crédito a lo que veía. Se sentó delante suya y le miró a la cara. Parecía feliz. Estaba mirando a la bola de arroz mientras la modelaba, a la vez que tarareaba suavemente una canción. Siempre había hecho eso.

¿Qué estaba pasando?

Sano la estuvo contemplando unos segundos, luego alzó la mano y la puso en su hombro.

- Kaoru, creo que tienes que irte a la cama, aún te has recuperado.

Ella siguió amasando el arroz. Ni siquiera parecía haber notado que él estaba allí.

- Oi, acabo de decirte que te vayas a la cama.

Silencio.

- Kaoru, no sé que coño está pasando, pero... – se quedó callado. Kaoru levantó la mano y le tendió la bola. Él quitó la mano de su hombro -

- Pruébalo.

Sanosuke la miró a la cara. Estaba feliz. Incomprensiblemente feliz.

- No. No, ahora no, tienes que irte a la cama.

- Pruébalo.

Él no dijo ni una palabra. No tenía la más remota idea de lo que estaba pasando. Kaoru tenía buen color en todo el cuerpo, salvo en la cara y las palmas de las manos. Estaba temblando, lo que hacía que varios granos de arroz saltaran de la bola al suelo.

Como él no se inmutaba, Kaoru se la metió en la boca de forma poco ortodoxa. Luego bajó la mano lentamente. Sanosuke quiso no herir los sentimientos de la chica, fueran cuales fueran en ese momento, así que lo saboreó. Estaba exquisito.

- Está bueno, ¿verdad? – su voz sonaba débil – He estado practicando estos días. Quiero llegar a ser tan buena como tú.

- ¿Cómo... Cómo que tan buena como yo? Yo no...

- Es la hora de la comida, llama a Yoshi y a...

- ¿Qué estás diciendo? – le cortó Sano – Me estás asustando.

Le cayó una gota de sudor, mientras que ella ponía cara de enfado. No tardó en acelerar el puño y pegarle en el hombro. No había tenido la menor fuerza. Menos incluso que antes. El joven le agarró la mano. Estaba ardiendo con fuerza. Le comprobó la temperatura. No podía recordarlo bien, pero le pareció que estaba peor que antes.

- Vamos, tienes que comer mucho si quieres pelear. – se dio la vuelta y se puso a coger platos. Éstos caían al suelo, al no poder agarrarlos bien -

- Va-vale, tengo que comer, sí... – Sanosuke se acercó poco a poco, para no asustarla, aunque el estuviera más asustado de lo que lo hubiera estado en su vida - ¿Qué hay de comer?

- Hay arroz, tonto...

Justo en ese momento él la agarró por los hombros fuertemente, para que no se moviera. Ella se volvió hacia Sagara sorprendida. Ninguno de los dos se movió ni dijo nada en un minuto. Permanecieron el uno enfrente del otro, sentados, mirándose a los ojos.

- Yo... – Sano estaba perdido en sus ojos – esto... tienes que venirte conmigo a la cama, porque...

No pudo decir más. Ella le miró de una forma que él no había sentido en la vida. Un minuto después ella se acercó con lentitud hasta sentarse encima de sus rodillas. Él no pudo ni moverse, cuando, de pronto, ella le abrazó, puso sus labios en los suyos y le dio un dulce beso.

- Kaoru... ¿Qué estás haciendo? – él esta totalmente absorto en sus labios. Había sido el primer beso de su vida -

Kaoru Kamiya le miró a los ojos y dijo una palabra que Sano no entendió bien la primera vez, por lo que ella la repitió.

- Aishiteru.

Se puso totalmente rojo, sin saber que pasaba. Vio que sus ojos necesitaban una respuesta. Buscó en lo más profundo de su corazón y la encontró.

-Yo también te quiero.

Kaoru se echó sobre sus brazos y le besó con pasión, jugando con su lengua. Sanosuke sabía que tenía que llevarla a la cama, pero esperaba que ese momento no acabara nunca. Él también la besó, mientras un escalofrío recorría su cuerpo. Siguieron besándose durante largo tiempo que él no quiso contar mientras se acariciaban mutuamente.

lla se separó por un momento y le miró a los ojos. Los dos estaban en la cocina, ella sentada encima de él.

- Va... vamos a la cama... – dijo ella – Quiero que nos metamos en la cama.

Él juntó sus manos en su culo, mientras que ella se enroscaba a él con sus piernas. Se levantó con pesar sin dejar de agarrarla y echó a andar hacia atrás en dirección a la cama.

- No te vayas afuera otra vez, por favor... No te vayas.

“¿Qué estaba diciendo? ¿A qué se refería?”

Ella no dejó de besarle, lo que hacía que él se tambaleara.

- Espera un momento, cariño, espera hasta que lleguemos a la cama.

No le hizo caso. Y todo eso unido a que seguía temblando hizo que Sanosuke cayera al suelo sentado y se golpeara la cabeza contra una mesa. Sin querer cerró los ojos, y casi al momento notó como si estuviera justo debajo de una cascada helada. Sus músculos se agarrotaron y casi notó como si se le parara el corazón durante un momento.

Recordó que Kaoru estaba encima de él y abrió los ojos temeroso. Pudo sentir su débil  respiración en su cuello. Sus ojos estaban cerrados, su cuerpo tenía convulsiones.

- Tengo frío...

Sanosuke la tomó en brazos y la llevó corriendo a la cama. Sus ropas estaban totalmente empapadas. Se sintió incómodo al quitarle a Kaoru la camisa. Su cuerpo se mostró ante él, pero no le importó en ese momento. Sólo le importaba que se curara y que todo volviera a ser como antes. Cuando le cayó encima el agua recordó la vez en la que Yoshi se había puesto enfermo. Sólo entró en el dojo una vez ese día, pero recordó que Megumi le había dicho que estaba con casi cuarenta de fiebre. Cuando echó un vistazo vio al chico si la camisa y con compresas frías en los sobacos, cuello y frente, mientras que Kaoru le daba también en las plantas de los pies. Quizás este caso fuera diferente. Si le salía bien tendría mucho que ganar. Pero mucho que perder.

Cuando la toalla helada se unió a la frente de Kaoru ésta se estremeció. Sanosuke trataba de no mirarla a la cara. Ella le estaba mirando directamente. Sus preciosos ojos azules estaban húmedos. No compactaban con el color que en ese momento tenía el resto de su cuerpo.

- M-me haces daño...

- Lo siento. – trató de no sentir nada. Tenía que hacerlo -

- ¿Por qué me haces daño?

Él la miró, incrédulo.

- ¿Te he hecho daño yo? – cerró los ojos – Lo siento mucho...

- No, no, tú no me has hecho nada, pero tengo que...

- ¿Entonces por qué?

Se negaba a entender.

- Estás enferma. Si no te hago esto quizás... – ésta vez fue él el que calló -

No dijeron nada en unos minutos. Sanosuke puso compresas frías en su frente, sobacos, plantas de los pies, como recordaba. Esperaba que le fuera bien, porque él estaba muy cansado, y no podía maniobrar bien. No se había dado cuenta, pero él también se estaba empezando a sentir mal. Debía resistir varias horas más. Por Kaoru.

- ¿Me... me sigues queriendo quieres?

La pregunta le sorprendió mucho.

- Yo... No lo sé. No... no puedo hacerle esto a Kenshin. Él te quiere mucho más que yo, y él es mi...

Se echó a llorar.

- No te entiendo...

- ¿Eh?

- Yo creía que me querías, yo... Perdóname, por favor... Te necesito...

- Pero... Yo no sé qué...

- Te he querido desde el primer día... Desde que vi quién y cómo eras... No puedo vivir sin ti. Si no te tengo a ti me suicidaría.

- No puedo quererte, porque...
Sano no podía pensar apenas. No entendía una sola palabra de lo que Kaoru intentaba decir, no la comprendía. Parecía estar hablando con otra persona.

- No soy muy buena en esto, pe-pero te quiero con toda mi alma. Te quiero tanto que me duele el corazón...

A Sano le vino una idea a la mente, mientras trataba de no escuchar a Kaoru. Una idea casi absurda. Recordó a Yoshi, de aquel día. Decía algo, pero ahora no podía acordarse de qué. Lo que sí recordó es que Megumi dijo algo al respecto. Eso sí que lo recordaba.
 

“¿Qué le pasa?”

“Cayó al río ayer a la tarde y se puso enfermo. Estamos bajándole la temperatura.”

Sanosuke miró desde el jardín a dentro del dojo. Yoshi estaba tumbado en el suelo. Tenía toallas en diferentes partes del cuerpo. Alguien estaba a su lado. Kenshin y Kaoru.

“¿Qué está diciendo?”

“Tiene mucha fiebre. 41 de fiebre. Es un síntoma muy común. No puede coordinar y tiene alucinaciones, con respecto a sueños o a situaciones vividas. A veces incluso amnesia.”

“Ah... ¿Puedo hacer algo?”

“ Sólo serías una carga, cabeza de chorlito, déjanos que le curemos en paz.”

“Oye, no te pases, yo...”
 

La miró a los ojos. Había metido la pata otra vez hasta el fondo. Por dos veces. Se había dado cuenta de que ella no había hablado de él. Aunque no podía entenderlo, había hablado todo el rato con Kenshin. No quería a Sanosuke Sagara, si no a Kenshin Himura. Una lágrima corrió por su mejilla. Habría deseado que fuera justo lo contrario a eso. Que estuviera hablando de él, que le quisiera a Sanosuke Sagara, porqué él se había dado cuenta de que sí la quería.

- Te quiero, Kaoru.

- ¿Me quieres? – sonrió -

- Sí, y nunca te abandonaré. Seguiré contigo toda la vida. Siento el haber sido tan... idiota, antes.

- Yo t-también te quiero.

Él se agachó y la abrazó. No le importó el calor que desprendía su cuerpo, es más, le reconfortó. No le importó que se estuviera helando. Lo que de verdad le dolió es que se había vuelto a quedar sólo otra vez.

- Sanosuke...

Sintió cómo una mano le palpaba el hombro. No podía moverse. Sus músculos no le respondían. Ni siquiera los párpados. No sabía dónde estaba. Poco más tarde sintió que una mano le tocaba la frente.

- ¡Dios! ¡Sanosuke, estás ardiendo!

El siguiente contacto le hizo estremecerse y abrir los ojos inmediatamente. Movió la cabeza a los lados. Tuvo que intentarlo muchas veces, el cuello ni siquiera le respondía bien. Cada vez estaba más confuso. No sabía dónde estaba. Una habitación grande. Carteles por las paredes. “Dojo Kamiya Kashin”.

- Sanosuke, mírame, estoy aquí.

Se sorprendió al oír esa voz, la conocía, le parecía familiar, pero no la cara a la que pertenecía. Una chica joven, de pelo largo y moreno, envuelta en una manta, de pie delante de él.

- Si me oyes, dime... di “hola”.

Sanosuke abrió la boca. Notó como su visión se volvía borrosa. Sólo podía ver puntos brillantes delante de sus ojos.

- Hola. – su voz sonó muy débil -

Ella suspiró.

- Menos mal... ¿Puedes reconocerme?

Sanosuke negó con pesar.

- Shimatta... Siento haberte descuidado, yo...

La desconocida se acercó y le abrazó. Las manos le helaron la espalda, hasta el punto de que le parecía que se la desgarrara. No entendía que pasaba pero no quería que ella la hiciera daño. La apartó de un violento empujón. Ella cayó de espaldas en el suelo, sorprendida.

- ¿¡Qué... Qué haces!?

Decir que estaba furioso era decir poco. Valiéndose de las manos trató de levantarse, pero sus músculos parecían no querer responder a las órdenes de su cerebro y cayó redondo al suelo.

- ¡Ah! ¡Sanosuke!

Lo volvió a intentar, y esta vez lo consiguió. Kaoru se detuvo en cuanto vio los ojos de Sanosuke. Estaban totalmente rojos y brillantes.

- No te me acerques. – su voz bramó como el trueno -

La chica alzó los brazos hacia delante. Estaba muy asustada. Sanosuke vio cómo tenía una toalla blanca en su mano izquierda.

- Estás enfermo, Sanosuke, tienes que dejar que te ayude.

- Deja de llamarme así. No me llamo Sanosuke.

Ella avanzó un paso.

- Vale... Entonces dime cómo quieres que te llame.

- No te acerques.

- Tengo que acercarme.

- ¡No te acerques!

La desconocida dio un salto hacia atrás.

- Yo... sólo quiero curarte, Sanosuke.

- ¡No estoy enfermo! ¡Y no me llames Sanosuke!

- Vale, pues... – se sentó en el suelo, y dejó la toalla a un lado – ven tú, siéntate.

Él no respondió. Era como si de repente una desconocida pretendiera entrar en su vida.

- No.

- No voy a hacer nada, sólo ven y siéntate. Sólo siéntate. No te debo dar miedo.

- ¡No me das miedo!

- ¿Entonces? – preguntó temerosa -

Sanosuke no sabía si tener miedo o no. Su cuerpo apenas le dejaba tenerse en pie, y menos aún pensar.

- Aparta esa toalla.

- Vale, lo haré.

- Bien.

Silencio.

- Puedes acercarte. – le suplicó Kaoru -

- ¿Cómo te llamas? – ya más calmado – Tu voz me es familiar.

- Me llamo Kaoru Kamiya.

Él se acercó y se sentó delante de ella.

- ¿Te conozco de algo?

- Sí. Eres mi mejor amigo. – dijo Kaoru -

Sanosuke bufó.

- Lo siento, pero no te reconozco.

- ¿Puedo acercarme a ti?

Sanosuke frunció el ceño.

- ¿Qué quieres?

- Quiero que me des tu mano.

- ¿Eh?

- Sí, dame tu mano.

El chico dudó en hacerlo. Aunque esa voz tan dulce le reconfortaba, no la conocía. Lo que realmente recordaba era que no debía de confiar en la primera persona que viera, aunque no recordaba por qué.

- No. Primero explícame para qué.

La chica llamada Kaoru se acomodó.

- Está bien, te lo explicaré. Lo que tienes que hacer es poner tu mano en mi frente y recordar el calor, luego en la tuya y comentármelo.

Sanosuke la miró de arriba abajo. Ahora se dio cuenta de que estaba temblando, y se sintió culpable.

- ¿Te doy miedo?

- Un poco. Yo...

- Vale. Lo haré.

Mientras levantaba la mano y la ponía en su frente, la chica le miró triste. El contacto hizo que casi sintiera que su mano se congelara. Luego se la llevó a su cabeza lentamente. Sus músculos estaban agarrotados, y ni siquiera recordaba por qué. Esta vez el contacto fue cálido.

- ¿Qué tal?

- Estás helada.

Ella suspiró y miró al techo.

- Veo que no me entiendes.

- Ya me lo has dicho antes. Estoy enfermo, ¿no?

- Estamos enfermos, los dos. Lo que pasa es que a mí me ha bajado la fiebre. Gracias a ti.

Sanosuke se sorprendió.

- No lo recuerdo. No recuerdo nada que haya tenido que ver contigo.

Ella se acercó con cuidado.

- ¿Puedo ponerme a tu lado?

- Bueno.

Silencio.

- ¿De verdad tengo fiebre?

- Creo que más de cuarenta.

- ¿Y cómo es que no estoy inconsciente?

- Eres muy resistente, Sanosuke, pero no por eso quiere decir que no estés mal. Tengo que bajarte la fiebre.

- ¿Cómo?

- Con ésta toalla. Hará que tengas frío al principio, pero te bajará la fiebre. Si no te puedes poner peor. Puedes incluso caer inconsciente, o morir.

Él la miró a los ojos, sin saber por qué, y encontró un sentimiento que le fue familiar.

- Vale. Lo haré. Lo siento si te he causado problemas.

Ella comenzó con una y se la puso en una axila. Fue trayendo más y las puso en diferentes puntos del cuerpo, cambiándolas cuando se secaban o el agua se calentaba por la fiebre.

- ¿Esta es mi casa?

- No, es la mía. Es mi dojo.

- ¿Eres maestra de artes marciales?

Ella sonrió.

- Sí, algo así. Aunque sólo tengo un alumno.

Sanosuke siguió hablando para no concentrarse en su cuerpo. El dolor era extremo.

- Yo... ¿tengo una casa?

- Sí, vives a las afueras de la ciudad, pero eres amigo nuestro.

Sanosuke se paró a pensar.

- Oye, ¿Podrías aclararme quién es Kenshin?

Kaoru levantó la cabeza, sorprendida.

- ¿Te acuerdas de él?

- Siento gran respeto hacia ese nombre, pero no puedo recordar nada. Se supone que no recuerdo nada porque estoy amnésico, ¿no? Pero me voy a poner bien.

- Eso espero. Nunca me había pasado esto. En nuestro grupo tenemos a una doctora, se llama Megumi. Ella sabría lo que pasaba, pero está nevando y no podemos salir.

- Megumi...

Él miró por la ventana, pero no pudo distinguir nada, todo estaba totalmente oscuro.

- Aún... – gimió por la compresa que le puso ella en ese momento – aún no me has dicho quien es.

- Bueno, él... – se calló y miró a los lados, como buscando algo. Se levantó y se fue al otro extremo de la sala. Luego volvió con algo en la mano – Mira.

Sanosuke cogió la foto y la miró. Sólo podía reconocer a la chica entre las cuatro personas que habían allí. Recordaba vagamente a dos más, y luego estaba un niño bajo.

- Nos la tomamos hace dos años, cuando fuimos en tren. – señaló a un pelopincho con expresión asustada de el lado izquierdo – Este eres tú, el de tu derecha Kenshin, yo y el chaval es mi alumno, Yoshi.

Se quedó mirándola un largo rato, sin decir palabra ni quejarse, aunque las toallas le estuvieran helando.

- No... no lo recuerdo. No recuerdo a nadie. – silencio de 10 segundos - ¿Este soy yo? ¿Tienes un espejo?

- No. – sonrió – Estabas así porque pensabas que la máquina de fotos te iba a robar el alma.

Él dejó la foto a un lado y se recostó.

- Quisiera que me contases que ha pasado con esta gente y por qué estamos tú y yo solos. – Sanosuke temió decir lo siguiente, pero no podía ordenar sus sentimientos con respecto a esa cara - ¿Somos pareja?

Kaoru le cambió dos toallas.

- No. No lo somos.

- Lo siento.

Kaoru se sonrojó.

- Bueno, te voy a contar lo que ha pasado hoy.
 

Faltaban dos horas para que amaneciera, y por suerte el frío había empezado a disminuir, aunque aún fuera casi insoportable.

Sanosuke la miró mientras le ponía otras toallas en la frente. No podía creer lo que había pasado.

- Ya he hecho todo lo que he podido, ahora te toca dormirte para que baje la fiebre.

- Es cómo si me tocase vivir la vida de otra persona. – dijo él, absorto en sus pensamientos - Ese... Sanosuke Sagara es... No sé... Dime, Kaoru, ¿es una buena persona?

- Sí... Bueno, no para todo, pero sí es honesto, amable cuando quiere, un buen amigo y siempre dispuesto para una buena pelea.

Sanosuke soltó una risa suave.

- Bueno... Según parece en cuanto me cure me olvidaré de mí, o sea que...

- ¿A qué te refieres?

- Me refiero a que ahora yo no me siento Sanosuke Sagara. En una vida es imprescindible tener recuerdos. Buenos y malos. Pero yo no recuerdo ninguno de esa persona.

Kaoru se entristeció, pero ni siquiera supo por qué.

- Creo que tienes razón. Él no me habría dicho nunca algo así.

- Bueno, en cierto caso yo soy él. Si se vuelve a despertar, recuérdaselo. – suspiró – Ah, y otra cosa, siento algo muy fuerte hacia ti por su parte. Creo que te quiere, aunque no estoy seguro. Si yo lo llegara a saber, me mataría. – se rió débilmente -

Ella le acarició el pelo.

- Se lo recordaré.

Sanosuke cerró los ojos y su cuerpo se relajó.

- Ojalá pudiera volver a verte. Buena suerte.

Cuando se durmió por fin, Kaoru se levantó y, mientras se iba al otro lado de la sala, se echó a llorar. Se estaba haciendo un lío con sus sentimientos. Esa noche había sido  muy dura emocionalmente, y ahora esto. Una confesión sincera del propio Sanosuke.

Se dio la vuelta y le miró, tumbado en el otro extremo. Él, de algún modo, la había salvado. No podía recordar como.

Ojalá el lo supiera.

“Después lo sabré”

Se limpió los ojos con la manta y se tumbó al lado del luchador, enroscada en la manta a modo de saco de dormir.

“Tengo que dormirme para quitarme lo que me quede de fiebre”, pensó.

Calculó que tendría sobre treinta y ocho y treinta y nueve, y un buen sueño la recuperaría por fin. Así lo hizo. Cerró los ojos y casi inmediatamente se durmió.
 
 

- ¡Kaoru, despierta! ¡Vamos!

La joven dio un respingo y se quedó sentada agarrándose la manta. Cuando sus ojos se acomodaron una sensación de alegría invadió su cuerpo.

- ¡Megumi!

Le ayudó a levantarse. Se fijó en que tenía la manta bien agarrada.

- ¿Estás desnuda?

- Eh... sí.

- Es decir, repito la pregunta, ¿has pasado la noche desnuda con Sanosuke, que también estaba medio desnudo?

Ella miró a su lado. Allí estaba él, tumbado, y aún dormido.

- ¡No digas tonterías! ¡Hemos estado a punto de morir!

Megumi le cogió el brazo para tomarle el pulso.

- Bueno, pues parece que has hecho un buen trabajo. Él tiene 39 de fiebre, pero le está bajando y... tú no tienes más que décimas.

Kaoru vio que la puerta estaba abierta. Afuera el sol lucía, aunque la temperatura fuera templada.

- ¡Bien! ¡Ya ha parado de nevar!

Megumi rió.

- Debe haber sido una noche horrible para que estés tan contenta.

- Bueno, la verdad es que ha sido muy emocionante... Eh, ¿te estás metiendo conmigo?

Ella dio media vuelta y ando hacia la puerta.

- Me voy a buscaron ropa seca, espérame aquí.

- ¡Espera! ¿Y Yoshi?

- Tae me ha dicho que se ha quedado en el Akabeko a desayunar. ¡Adiós! – y cerró la puerta-

Kaoru se quedó sentada al lado de Sano, pensando. Le urdía saber si Sanosuke se había recuperado ya o no. Quizás se enfadara, pero... Bueno, después de todo, ¿A quién no le molesta que le despierten pronto?

- Sanosuke... – le dijo por lo bajo -

Nada.

- Ey, Sano...

Ni se movió.

- ¡¡¡¡¡SANOSUKE SAGARA!!!!!

Sano botó como un muelle y se levantó mirando nerviosamente a los lados.

- ¿¡Qué!? ¿¡Qué pasa!?

Se giró y le vio a ella.

- ¿Quién te da derecho a despertarme así? ¿Quieres que me de un infarto, jo-chan?

Ella se rió, feliz porque volvía a ser el mismo.

- Eh, oye, te he hecho una pregunta y me gustaría que me respondieras de vez en cuando, chica.

- ¿Sano, no te acuerdas de lo que nos ha pasado?

Se levantó y se estiró la ropa.

- Pues claro que me acuerdo, pero quería dormir aunque fuera un par de horas más.

“Ese es el verdadero Sano”, pensó Kaoru.

- Ahora va a venir Megumi con ropa.

- Me alegro, porque no me hace mucha gracia verte así por casa, van a pensar que soy un hentai.

Kaoru le pegó un puñetazo en el hombro.

- ¡Oye!

- Oi, no te pases, que todavía estoy enfermo.

- Sí, pobre enfermo, que mal estás... – se burló Kaoru -

- Ja ja, me muero de risa.

Sano salió a la calle e inhaló el aire.

- Así debe ser, una mañana totalmente despejada.

Kaoru le hizo señas desde la puerta.

- Sano, ven un momento.

Se dio la vuelta y ando hacia ella, con las manos en los bolsillos.

- ¿Qué quieres, jo-chan?

- Gracias por haber estado aguantándome toda la noche.

Sano avanzó hasta estar a un metro de ella y sacó sus manos de los bolsillos.

- Yo también tengo que darte las gracias, jo-chan.

Kaoru sonrió, aunque estaba sorprendida.

- ¿Tú dando las gracias? ¿Por qué?

Se adelantó y la abrazó. Ella no podía dar crédito a lo que pasaba.

- Gracias por darme la mejor noche de mi vida. Y... por no haberte rendido cuando estaba amnésico.

Se separó y entró en casa, dejándola sin palabras y totalmente helada.

- Entonces... él... – dijo por lo bajo mientras sus pómulos se volvían rojizos -
 
 

Megumi alargó el brazo y le dio al veinteañero un ge de Kenshin.

- Me está pequeño.

- No te quejes, bebé, era esto o nada.

Sanosuke se puso a gritar mientras se ajustaba el traje. Le quedaba ridículo.

- ¡No me llames bebé! ¡Mujer Zorro!

- No me voy a poner a tu altura.

- ¡Deberías subir demasiado para ponerte a mi altura!

- ¡Ah, ¿sí?!

- ¡Sí!

Kaoru se peinó con cuidado en su habitación. Esperaba que llegara pronto Kenshin, para poder ordenar sus sentimientos. El verdadero Sanosuke Sagara no era el que trataba de hacerse el chulo delante de todos. Era bueno, amable y simpático. Había sentido algo por él esa noche. Por eso tenía que decírselo a Kenshin. Él sabría que hacer.

- ¡Eh, jo-chan!

Kaoru se dio la vuelta. Detrás de la puerta pudo ver la silueta de Sano.

- Bueno, al menos esta vez no estás desnuda... Bueno, nos vamos ya. Si no te das prisa, te quedas aquí, tú verás.

- Sí, sí, ya voy. – y salió corriendo detrás de él -

-  ¿Qué tal la noche? – se burló Megumi -

Sanosuke volvió la mirada al río.

- Bien.

- ¿Bien?

- Sí, lo pasamos bien. ¿De acuerdo?

- Define “pasárselo bien”.

Kaoru le echó una mirada de furia y adelantó el paso.

- No seas hentai. Lo pasamos bien, nada más. Hablamos, nos reímos, y ya está.

Megumi se rió.

- Conociendo a la sentimental esta, me extraña que no te haya dicho que te quería.

Kaoru le tiró una piedra a la cabeza mientras gritaba. Ese comentario le había dolido mucho.

Sin embargo, Sanosuke no dijo nada. Siguió andando mientras miraba el río.

- Sano, ¿qué dices a eso? – preguntó Megumi mientras esquivaba una lluvia de piedras -

- Podrías no decir tonterías por una vez en tu vida, ¿no?

Kaoru se dio cuenta de que no haría nada así y echó a correr hacia el Akabeko sin mirar a los otros. La doctora se quedó mirándole confusa.

- ¿Te gusta?

Se volvió y la miró con rabia.

- Por favor, cállate.

- Te gusta mucho, admítelo.

Sanosuke adelantó el paso y se metió las manos en los bolsillos.

- Megumi, ¿por qué no te callas de una puta vez?

Esa orden hizo que la doctora se detuviera. Él nunca la había hablado de esa manera.

- Dios, está enamorado de ella...
 
 

- ¡Estofado de carne! ¡Estofado de carne! – gritaron las nietas del doctor Genzai cuando Tae les trajo el menú -

- Vale, ¿y tú, Yoshi?

- Bolas de arroz.

- Vale, enseguida os sirvo.

Tae se fue a la cocina. Ninguno de los asistentes dijeron nada por unos minutos, mientras se miraban entre sí.

- Ejem... ¿Has pasado frío esta noche, Yoshi? – preguntó Kaoru -

- No, Tae me ha dado una buena cama... ¿Y vosotros? Tengo entendido que habéis dormido juntos, y que os habéis puesto enfermos. – señalando a la chica y a Sano -

Megumi miró a Kaoru. Quería conocer su reacción.

- Bueno, yo...

- Ha sido una noche normal y corriente, sólo que hacía más frío que de costumbre, ¿vale? ¿Algún problema? No nos hemos liado ni nada parecido, así que no empieces como siempre. –le cortó Sano -

Yoshi se puso la mano detrás de la cabeza.

- ¿Y cómo los habéis curado? También he oído que estabais desnudos.

Megumi rió.

- Pues yo he oído que has pasado la noche con Tsubame. ¿Qué me dices a eso?

Yoshi se puso rojo.

- Je je je...

Kaoru miró con el rabillo del ojo a Sanosuke. Estaba apoyado en la pared y miraba hacia el suelo como pensando. Temió preguntarle en qué.

La comida transcurrió sin más problemas. Los únicos que hablaron fueron el doctor, sus nietas y Yoshi, bueno, él cuando no comía, claro. El doctor Genzai pagó la cuenta y salieron todos a la entrada. Megumi se fue con el doctor y sus nietas a su casa y Yoshi y Kaoru se estaban yendo cuando ella se fijó en que Sanosuke tomaba la dirección contraria. Se detuvo.

- Sanosuke, ¿no vienes a casa?

- No, tengo que... tengo que hacer cosas. Adiós.

- Adiós.

- ¡Adiós, Sano! – dijo Yoshi -

Kamiya se le quedó mirando mientras se iba, triste. Estaba claro que le pasaba algo, pero no sabía qué.

- Bueno, ¿nos vamos o nos qué? – preguntó Yoshi nervioso -

- Ah, sí... Vamos.
 
 
 

Sanosuke se tumbó boca abajo en la cama, cansado por todo lo que había pasado, y aún no recuperado del todo. No podía pensar con claridad, y no sólo por la fiebre. Se había declarado a Kaoru por dos veces, y ahora es como si no hubiera pasado nada. Todo seguía igual que antes. Kenshin y Kaoru otra vez juntos, la pareja feliz. Sin darse cuenta le pegó un puñetazo al suelo. Sin duda sentía por ella algo más que amor fraternal. Es como si le arrancasen el corazón. Tanto para nada. Sin embargo, no podía quitarle la novia a Kenshin. Ellos dos estaban enamorados, el uno del otro. Quizás si se lo dijera, lo que sentía, en un momento normal, ella se lo tomaría mal y dejarían de ser amigos. No diría nada, para que todo pudiera ser como antes. La misma jodida rutina. Para siempre. Aunque tuviera que guardarse sus sentimientos.

Había alguien detrás de la puerta. Sanosuke se levantó lentamente y se llevó la mano a la cabeza. No le había importado hasta ahora, pero le dolía mucho. Puso la mano en la abertura y corrió la puerta.

- ¡Hola!

Era Kenshin. Estaba empapado, por lo que llovía en ese momento, pero por lo demás parecía que estaba bien. El ge en su sitio, la espada en su sitio.

- Hola, Kenshin. ¿Ya has ido a casa de Kaoru?

- No, todavía no.

- Puedes pasar, ¿eh?

- Gracias.

Sano cerró la puerta mientras que él se sentaba al lado de su cama. La verdad es que su chabola era muy pequeña, y no tenía más que una habitación grande donde tenía la cama, la ropa, y una pequeña cocina.

- ¿Cómo es que has venido antes aquí?

- Bueno, estaba lloviendo mucho y... ¿qué haces con un ge mío?

- Bueno, ya te lo explicaré. A ver si te entiendo, has venido aquí antes que a ver a jo-chan. Exactamente porque tienes miedo de que se enfade por no habérselo dicho, ¿no?

El rurouni sonrió.

- Qué bien me conoces. He oído que ha nevado repentinamente esta noche, ¿todos bien?

Sano suspiró.

- Vale, te lo explico. Resulta que fui al dojo para decirle a jo-chan lo que tú me habías dicho que le dijera, cuando va y me la encuentro desnuda. – paró un momento para comprobar la reacción de Kenshin, pero él sólo asintió – Vale, su ropa estaba mojada y se fue al cuarto de... de Yoshi. Le di mi camisa y se la puso. Empezó a hacer frío y como todas las mantas menos una estaban tendidas nos metimos los dos en su cama. A ver que me acuerde... Sí, luego abrió la puerta sorprendida porque estaba nevando e hizo que bajara la temperatura de su casa. Me iba a dormir pero me dijo que no me durmiera por no se qué que le había dicho Genzai.

- Me acuerdo, que cuando te dormías te bajaba la temperatura.

- Sí, eso era... Bueno, resulta que hacía cada vez más frío y vi que ella estaba muy mal. Parecía que se estuviera congelando de frío, así que la abracé. – se volvió a parar -

Kenshin parecía sorprendido.

- ¿Oro?

- Comprende que si no podía morir... yo...

- ¿Ella te lo pidió?

- Sí, si no yo no lo habría hecho.

Kenshin sonrió.

- Se que la aprecias mucho, no tienes por que disimular delante de mí.

- Ah... eh... esto... sigo. Luego ella... – se dio cuenta de lo que iba a decir y prefirió guardárselo, aunque quizás Kenshin no se lo tomara en cuenta. – Ejem, ella enfermó y le bajé la fiebre con toallas mojadas como os vi en... bueno, luego no sé muy bien lo que pasó, pero me subió la fiebre a mí también y me la bajó. Y ya está.

Kenshin se levantó.

- Vaya, parece que ha sido una noche emocionante. – dijo con una sonrisa – Gracias por curarla, Sanosuke.

- Eh, no importa, tu harías lo mismo por mí.

El samurai extendió los brazos.

- Un abrazo...

- Kenshin, no se como estás tan tranquilo. ¿Sabes lo que acabo de decirte?

- Hmm... ¿Lo sé?

Sano le cogió por los hombros y lo zarandeó con fuerza.

- ¡Ororororororo!

- ¡He dormido desnudo con tu novia! ¡Toda la noche! ¡La he tenido desnuda delante de mí! ¡Y ni siquiera me he aprovechado! – se detuvo poco a poco, pensando en lo que había dicho, mientras se ponía rojo. Kenshin le miró con una ceja levantada – Eh... Quería decir que... yo... je, je, je... tiene gracia las tonterías que dice uno por decir, ¿eh? Je, je, je...

- No te preocupes. Es natural. Un hombre y una mujer de casi la misma edad, casi desnudos... Lo entiendo. Debo darte las gracias también por no abalanzarte sobre ella. – rió-

- Sí, bueno...

Himura abrió la puerta.

- ¿Te vienes al dojo?

- Vale.
 
 

Kaoru estaba sentada en el porche cuando llegaron Kenshin y Sano inesperadamente. Kaoru corrió hacia él y le saludó.

- ¡Hola, Kaoru-dono! – le ofreció una sonrisa - Siento haberte ido sin decírtelo, pero me corría prisa.

- Lo entiendo. La comida está preparada, podéis venir.

Sanosuke trató de no mirar a Kaoru mientras pasaba a su lado, y ella lo notó.
 

Ya sentados alrededor de la mesa del jardín, Kaoru cogió la cuchara y comenzó a servir a su “familia”, que la miraban hambrientos. Yoshi se sorprendió al ver las bolas de arroz que había hecho ella esa vez.

- Tienen buena pinta... ¿seguro que las has hecho tú?

- ¡Tonto! ¡Claro que sí!

- Están muy buenas, Kaoru-dono. – dijo Kenshin mientras se limpiaba la boca -

- Gracias.

Kaoru sacó otra bola y la puso sobre el plato de Sanosuke, pero él la rechazó cortésmente.

- Tienes que comer o no te curarás. Son necesarias aparte de las medicinas que has tomado.

- No digas tonterías. Ya estoy casi curado. Además, no tengo hambre.

Yoshi se rió.

- ¡Deberías probarlo al menos! Esta vez le han salido muy buenas (para variar).

La chica le dio un cucharazo en la cabeza.

- ¡Au!

- ¡Para que aprendas a no quejarte! ¡Con lo que me esfuerzo!

Sano se fijó en que Kenshin, desde enfrente de la mesa, le miraba preocupado. Volvió la cabeza hacia Yoshi, para evitarlo.

- ¡Vamos, cómetelo! ¡O a partir de ahora te vas a comer a tu casa! ¿No le has oído a Yoshi? Están muy buenas.

Sanosuke cogió la bola como si pesara.

- Sé demasiado bien lo buenas que están.

- ¿Eh? ¿Qué quieres decir?

Suspiró.

- Bah, no importa, no importa. Cosas mías.
 
 

Estaba dolido, más que confuso. Los sentimientos hacia la preciosa adolescente eran más que claros, pero él no podía decir nada. No debía decir nada. Debía seguir todo como antes. Él debía seguir quejándose por la comida, no ayudar a limpiar, como siempre, como ahora. Eso era lo que estaba haciendo Kaoru, limpiaba la sala, mientras que él la observaba desde fuera. Menos mal que Kenshin no estaba en casa. No podía seguir viéndolos juntos. Pero todo eso tenía que pasar, él tenía que olvidarlo, o acabaría amargándole.

Volvió a mirar hacia la calle, mientras que ella limpiaba el polvo de los carteles. Así estuvo un rato, incluso el insignificante ruido de la bayeta le molestó. Se giró otra vez hacia ella y vio que estaba delante de él, lo que le hizo volver la cabeza instintivamente.

“Soy idiota”, pensó. “Soy Sanosuke Sagara, no tendría por qué ponerme nervioso ante ella, pero no puedo evitarlo... ¿por qué tiene que ser tan guapa y amable?”

- Sano...

Ella estaba sentada a su lado, radiante como siempre, pero con una mirada de tristeza.

- Hola.

- Hicimos una promesa, Sanosuke. Me dijiste que me ibas a decir lo que pensaras sin miedo. ¿Qué te pasa?

Él la miró. Necesitaba una respuesta, pero él no estaba preparado a dársela.

- No puedo decírtelo. Sé que hicimos una promesa, pero hay cosas que escapan a mi control.

Kaoru estuvo algunos segundos mirándole sin decir nada. Él sólo miró hacia la calle.

- He sentido algo... Algo que me ha atraído hacia ti. Me siento mejor estando a tu lado y yo creo que... – calló por un momento -

Ella le miró con una expresión de tristeza. Sano no pudo aguantar esa mirada.

- Creo que me he enamorado de ti.

Contraria a lo que creía el luchador, Kaoru no se sorprendió.

- No sé que decirte.

- Yo...

Sanosuke no esperaba esa respuesta, aunque tampoco estaba seguro de lo que quería esperar. Quizás un “yo también estoy enamorada de ti”, “te quiero”... Pero sabía que eso era imposible. La relación era entre Kaoru y Kenshin, y él ahí no pintaba nada.

- Yo... quiero que todo vuelva a ser como antes. – Sano bajó la cabeza. Sus ojos comenzaron a humedecerse y prefirió que ella no lo viera -

- ¿Realmente es eso lo que quieres? – le preguntó con un nudo en la garganta -

- No, pero no quiero haceros daño.

Silencio.

- Sanosuke, eres de las mejores personas que conozco, y creo que te querría, si no fuera porque estoy enamorada de otro hombre.

Sanosuke volvió la cabeza hacia ella y la llamó suavemente. Su voz sonó muy débil.

- ¿Qué?

- Esta vez soy yo el que quiero que me abraces fuerte.

Jo-chan le abrazó y cerró los ojos con fuerza, envuelta en un calor ardiente que emanaba sólo para ella.


Ken-nii: hermanito Kenshin
Kaoru-chan, Kaoru-dono:  señorita Kaoru
Dojo: escuela de artes marciales
Jo-chan: pequeña señorita (así le llama a Kaoru Sano)
Ge: el traje que llevan Kenshin y Yoshi, propio de los samurais.
Sanosuke no baka: ¡Sanosuke, eres tonto!
Oi: ey, oye.
Aishiteru: te quiero.
Gomen nazai: lo siento, perdón.
Shimatta: maldición, rayos.
Hentai: pervertido, morboso.
Oro: expresión típica de Kenshin (lo que en España está traducido como un “aaaaah”)
Rurouni: samurai sin dueño.


Nota del autor:

Bueno, esto ha sido la segunda historia escrita por mí sobre el guerrero samurai, Kenshin Himura. Que quede claro que la he hecho por amor y respeto a la serie, de la que me considero un total adicto (¡es una droga! ^_^) Es una gozada poder escribir sobre ellos. Son los personajes más flexibles que conozco, pueden hacer desde un drama a una total parida, y además son adorables y al poco rato son como de la familia (sobre todo Ayame y Suzume ^_^). Ha sido una experiencia totalmente gratificante, que espero que se repita pronto (aunque a mi cerebro no se le da muy bien lo de inventar historias). Tampoco me he esforzado mucho relativamente hablando (me estoy haciendo viejo), pero me parece que es una de las mejores historias que he escrito nunca, contando las largas (vale, la larga) Bueno, ahora dejaré de escribir por un tiempo y me pondré a dibujar, a leer manga y a jugar al Quake, que ya es hora.
Bueno, como dijo Sougirou: Sayonara baby!   - Gormunguss Jones


Kaoru: Ya que se ha acabado todo esto, ¿me cuentas ya lo que pasó cuando me subió la fiebre?
Sano: ¡Nada! ¡No pasó nada!


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